Clive Staples Lewis, fue un talentoso escritor, erudito de la literatura inglesa y defensor del cristianismo, a quien han llamado “el apóstol de los escépticos” por su capacidad para defender la fe mediante la razón, la lógica y la literatura; su obra más nombrada es la famosa saga llamada Las Crónicas de Narnia, además, su obra Mero Cristianismo fue elegida como el mejor libro cristiano del siglo XX y en esta obra, resalta una frase que dice: “Mientras seas orgulloso, no puedes conocer a Dios. Un hombre orgulloso siempre menosprecia las cosas y a las personas; y, por supuesto, mientras mires hacia abajo, no podrás ver lo que está por encima de ti”
Al leer esta máxima de C.S. Lewis, de manera expedita llega a mi mente que a Dios no le agrada el orgulloso; ya que una persona orgullosa, generalmente piensa que es mejor que quienes le rodean y que no necesita de nadie, muchas veces ni siquiera de Dios. Alguien cegado por el orgullo jamás se preguntará: ¿Qué tan alto está mi orgullo?
Amados, en nuestras Reflexiones en Familia de hoy, compartiremos una porción de la Palabra inspirada por Dios, que en el libro de Proverbios capítulo 16, versículo 5 de la Traducción en Lenguaje Actual, dice: «Dios no soporta a los orgullosos, y una cosa es segura: no los dejará sin castigo»
El libro de los Proverbios, atribuido en gran parte de su autoría al rey Salomón, es conocido por ofrecernos sabiduría y cómo a su vez, tomar las decisiones correctas. Este fragmento de la Escritura, nos hace una advertencia de que para el orgulloso no habrá impunidad, que Dios se opone a nuestro orgullo porque es un pecado que puede separarnos de Él; y que, a su vez nos puede conducir por otros caminos, tales como el de la envidia, la ira, la falta de pulcritud, la supremacía y hasta nos puede hacer creernos autosuficientes.
Queridos amigos, hoy día podemos conseguir personas en todos lados queriendo llamar la atención, personas pretendiendo correr sin ni siquiera haber aprendido a caminar, personas que no soportan que no le hagan caso al show que hacen; y esto, no es más nada que el petulante orgullo que hay dentro de cada uno. ¡El orgullo intoxica todo lo que toca!
Queridos hermanos, en la Biblia podemos conseguir numerosas historias de personajes que enfrentaron consecuencias por su orgullo; una es, la historia del rey Herodes narrada en Hechos capítulo 12, donde él aceptó la adoración del pueblo en lugar de redirigir al Señor y con humildad, esos elogios. Herodes los aceptó, posicionándose a sí mismo como divino, y este acto de arrogancia finalmente lo llevó a la perdición y posterior muerte. Otro ejemplo de orgullo en la Biblia, está en Daniel capítulo 4, donde Nabucodonosor era un rey lleno de orgullo, pero Dios lo humilló haciéndolo vivir como una bestia hasta que reconoció Su soberanía. También encontramos la de Uzías, que comenzó siendo un rey fiel que buscaba la guianza de Dios y que llegó a disfrutar de un gran éxito gracias a su obediencia; pero, a medida que crecía su fama también crecía su poder, y aún más crecía su orgullo el cual le acarreó un castigo, tal y como se describe en 2 Crónicas capítulo 26.
Proverbios 16 verso 18, dice: «Tras el orgullo viene la destrucción; tras la altanería, el fracaso» (NVI)
Amados, hoy Nuestro Señor nos hace el llamado a la humildad ante Él y ante los demás, porque una persona humilde no se aferra al orgullo, sino que está dispuesta a admitir sus errores, así como también, profundiza la relación con Dios. ¡El humilde, se alinea con la voluntad de Dios!
En este tumultuoso mundo que habitamos, cada uno de nosotros presentamos síntomas de orgullo y es por ello, que debemos pedirle a Dios que nos haga ver las acciones que puedan alimentar nuestro orgullo, porque en muchas ocasiones el orgullo nos puede cegar. Hoy, es un buen día para soltar toda actitud orgullosa que esté albergada en el corazón de cada uno de nosotros, aferrándonos a la sagrada verdad y reconociendo que todo lo que tenemos proviene de Dios.
Amigos y hermanos, alguien cercano a ti puede estar ávido de una palabra y esta puede ser, por ello te invito a multiplicarla.
«Por eso alabo y adoro al Rey del cielo, pues todo lo que hace está bien hecho. Él es un Dios justo, que humilla a los que son orgullosos. Lo digo yo, el rey Nabucodonosor». Daniel 4:37 (TLA)
¡Bendiciones para todos!
Qué tan alto está mi orgullo?

