Los cuentos del abuelo naranja

Luis Fuenmayor Toro /

“La operación de nuestro ejército en Venezuela fue impecable”, dice Trump, “fuimos y en una hora estábamos de regreso, sólo un herido leve y un helicóptero con algunos daños, pero que regresó”. Realmente fue como una pelea entre Mike Tyson con Ramoncito Arias, quien ni siquiera lo vio venir, mucho menos enfrentar. Así cualquiera… En el caso de Irán, el discurso no es igual, pues ya son varios los golpes recibidos por Tyson, y debió retirar de la región a sus portaaviones, cuando el Abraham Lincoln fue tocado con un golpe de Marvin Hagler. Ya son 18 sus militares muertos y por lo menos 365 los heridos, destrucción en todas las bases de la región, en una guerra que no es dentro de su país, pues ellos buscan siempre pelear en otros países, que desde muy lejos dizque los amenazan.
“Capturamos a una persona muy mala”, dice Trump en su cuento de abuelito a los periodistas, sobre el secuestro de Maduro, “que nos llenó de delincuentes sacados de sus prisiones”, sin que pueda dar ni siquiera un solo nombre al respecto, pero a quien la reina de la paz apoyó de inmediato con aquel “absolutamente”, que todos vimos y que nadie debería de olvidar. El anciano naranja continúa su fábula: “nos invadió con sus drogas”, a lo que la reina de nuevo, porque no se cansa de adular, expresó su apoyo diciendo: “es que los venezolanos viven del narcotráfico y del contrabando”, del delito, pues. Me pregunté cuando escuché aquellos disparates, si serían entonces ésos los que la siguen y votaron por González Urrutia.
Su verborrea sigue: “Venezuela está ganando mucho dinero y nosotros también”, “nunca habían vendido tanto petróleo”, “podrían ser el estado número 51”, dijo luego de coronarnos campeones mundiales de beisbol; “China puede enviar sus barcos a Venezuela para comprar crudo”, “soy más popular que cualquier otro político en Venezuela”, “Venezuela ha funcionado de maravilla; ahora mismo tenemos 100 millones de barriles en refinación en Houston”. Ha bromeado sobre postularse como candidato a presidente contra Delcy, pues su popularidad es altísima, dejando saber que está al tanto de que Delcy puede postularse cuando haya elecciones. Su secretario del interior lo comparó en la región con Bolívar, afirmando que algunos venezolanos lo ven como un «libertador». 
Trump ordena bloquear el estrecho de Ormús, que ya estaba bloqueado por Irán, y dice que “no permitirá que Irán haga dinero vendiendo petróleo a quienes le gustan y no a quienes no le gustan, o como sea. Será a todos o a ninguno. Vieron lo que hicimos en Venezuela (se refería a los peñeros hundidos en el Caribe). Será como eso”, una afirmación absurda, pero la da por estar encandilado con la supuesta gran victoria militar contra la FANB, que le impide entender que los tanqueros del golfo Pérsico no son los peñeros de pescadores del Caribe, son un poco más grandes y pertenecen a grandes empresas y tienen más dolientes. En todo caso, dejó de pasar petróleo por el estrecho, que es una de las armas de Irán en esta guerra.
Antes pasaban algunos barcos y ahora no pasa ninguno, por lo que el efecto en el mercado petrolero mundial será mayor, y este efecto estuvo entre las causas que obligó a Trump a la tregua y a negociar. ¿Entonces? ¿Ahora actúa en el mismo sentido de su enemigo Irán? Ahora Ormús está cerrado por Irán con la ayuda de Trump. Nuevamente, los precios del crudo se sitúan por encima de los cien dólares el barril. Y todo esto por el fracaso del diálogo en Islamabad, pues Irán, no está derrotado, ni aceptará que se restrinja su derecho al uso pacífico de la energía nuclear, que siempre ha sido controlado por las agencias de la ONU.
Pero al lado de ese abuelito parlanchín, o realmente dentro de él, actúa también el zorro viejo asaltante de gallineros, de mucha experiencia en su trato con el poder, con más de mil millones de dólares adicionales en su haber en sólo un año de presidente. El día siguiente a la invasión y bombardeo del territorio venezolano dijo, refiriéndose a Delcy Rodríguez: «si no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro», o sea mayor que un secuestro. ¿Qué puede ser mayor que un secuestro? Claramente, un asesinato. Una amenaza que ya había sido adelantada por el jefe de los comandos asesinos invasores, en los minutos siguientes a los bombardeos, asesinatos y secuestros, cuando dijeron que “estaban listos para una segunda ola más intensa, duradera y letal”.
El abuelito díscolo naranja lleva adelante su plan inmisericordemente: secuestro de Maduro, sometimiento de quienes quedaron al mando, amenaza permanente de bombardeos y ocupación territorial, toma del control económico del país, despojo de sus riquezas minerales, control político con la CIA, la DEA, el comando sur y la embajada; control legislativo y restricción de los ingresos financieros.

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