David Figueroa Diaz /
Comienza un nuevo ciclo de este trabajo de divulgación periodística, que comencé hace ya varios años en este importante medio de comunicación de España, que me dio la gran oportunidad de darle continuación a una labor que nació en 1994, cuando en mi país existían los periódicos de papel, con la finalidad de aportar elementos para un mejor uso del lenguaje escrito y oral, siempre con la convicción de que no soy erudito en la materia ni catedrático, sino un aficionado del buen decir, que ha entendido perfectamente que siempre hay algo que aprender y enseñar.
Ha habido dificultades de diversa índole; pero al final las he superado. Me complace que a la luz de lo que se ha difundido por esta vía, muchos han aclarado dudas y han obtenido soltura para cumplir el rol en la sociedad en la que les toca desenvolverse. Eso me complace, me honra y me confirma que el esfuerzo ha valido la pena. Ese apoyo moral que he recibido y que recibo frecuentemente, es el motivo fundamental para superar los obstáculos y seguir siendo útil a una incalculable cantidad de personas que se han autocalificado como “asiduos lectores” de esta sección, y que además la han asumido como una guía práctica de consulta. ¡Muchas gracias y prosperidad en el año que recién ha comenzado!
No sé si en otros países de habla hispana ocurra igual; pero en Venezuela la frase que sirve de título a esta entrega, se ha vuelto una especie de comodín en la redacción de textos relacionados con sucesos en los que ha habido fallecimientos. Es casi imposible no tropezarse con ella en portales digitales, incluidos los de casas periodísticas de gran prestigio, lo que indica que se ha convertido en un mal que ha hecho metástasis en una gran esfera.
Con contadas y honrosas excepciones que distinguen muy fácilmente, los redactores de sucesos venezolanos no conocen el verdadero significado del vocablo occiso, y por eso lo utilizan de forma inadecuada. Parece que tuvieran un formato (plantilla) para todos los casos, en el que solo cambia la fecha, el lugar y el nombre de la o las víctimas; lo demás es siempre lo mismo: “El hoy occiso”. No han entendido que no a toda persona que pierda la vida se le podrá llamar occiso, dado que en Medicina Legal y en Derecho Penal existen los términos para especificar la naturaleza de la muerte: cadáver, difunto, interfecto y occiso. No voy especificarlos; pero estimo prudente decir que occiso es solo aplicable a casos de personas que hayan muerto de manera violenta; pero que sobre ellas no hubo un acto delictivo (homicidio, por ejemplo). Ahora, ¿es aplicable el vocablo occiso para casos de personas que se quiten la vida ahorcándose? ¡He ahí el meollo del asunto y es lo que trataré de explicar!
Mis conocimientos con relación al caso, en lo que me ha instruido mi amigo y hermano Raimond Gutiérrez, destacado jurista y profesor de posgrado en varias ramas del Derecho, son escasos; pero como periodista y como alguien que ha sido diarista, puedo afirmar sin ningún temor, que el término no es el adecuado, toda vez que cuando alguien decide ponerle fin a su existencia colgándose de un mecate u otro material, por lo general lo hace de manera silenciosa, oculta, con el cuidado de que alguien pueda percatarse e impedir que ocurra. Ha habido casos de personas que se han quitado la vida de esa forma, y que han sido encontradas muchos días después, como ocurrió en un municipio del estado Portuguesa, Venezuela, en donde una persona desapareció y fue localizada treinta y siete días después. El informe de Medicina Legal determinó que se ahorcó, no fue ahorcado. ¡Entonces! ¡Dónde estuvo o está la violencia!
Ahora, diferente es el caso, como a veces ocurre en los recintos carcelarios u otros espacios y circunstancias, que por diferentes razones alguien ahorca a otro. Ahí sí es aplicable occiso; pero que alguien busque un mecate, un cable, una sábana (frazada) u otro objeto que le pueda servir de cuerda para poner fin a su existencia, no es válido. Lo curioso es que la mayoría de los periodistas de sucesos, muchos de los que tienen una larga trayectoria en el oficio, siguen utilizando el vocablo occiso, no solo para los ahorcados de la forma que describí, sino para cualquier tipo de muerte. ¡Espero haberme explicado!

