CHEO ÁLVAREZ /
Sinceramente no me extraña ver y oir en redes sociales a los miserables celebrar y burlarse del secuestro de nuestro Presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y la primera Combatiente Cilia Flores. Esas personas para mí, hace tiempo que no son venezolanos, ni considero necesario eliminarles legalmente la nacionalidad, no se le puede quitar algo a quien no la quiere ni siente en su corazón, al contrario, ellos odian ésta patria bolivariana, y aman a Trump y al imperio malvado yankee, los mismos que los tratan como basuras en EEUU, los meten presos, expulsan del país e invaden la tierra que desgraciadamente los vió nacer. No todo el mundo es patriota; y menos si desconocen la historia de nuestros libertadores, descerebrados que prefieren la «cultura» pervertida y codiciosa de los gringos. Bueno, allá ellos, el tiempo y los acontecimientos venideros serán quienes los juzguen y condenen. No voy a perder más mi tiempo en diatribas estériles con imbéciles traidores a la patria; sin embargo dejaré para reflexión algo corto pero fundamental de la historia de nuestros héroes y heroínas, los cuales dieron su vida entera para darnos la libertad, derrotando y echando al imperio español de la sagrada tierra de Bolívar. La historia de las naciones la escriben sus héroes: Personas que contribuyeron al desarrollo y la formación de su tierra natal. Campesinos y nobles, guerreros y terratenientes, oficiales y soldados, que se sacrificaron para salvar la patria, su tierra, su familia, su cultura y su lengua.
SIMÓN BOLÍVAR: El hombre que forjó la independencia de un continente y soñó su unidad.
Aristócrata caraqueño, juró en Roma libertar a su patria del dominio español. Lideró la epopeya militar más audaz de América, cruzando los Andes y liberando cinco naciones en batallas legendarias.
Su visión fue más allá de la guerra: Fundó la Gran Colombia, un proyecto político para unir a los pueblos hispanoamericanos en una sola y poderosa República. Aunque su sueño de unidad se fracturó ante las discordias internas, su legado de libertad perdura. Murió en el exilio, pobre y traicionado, convertido ya en el símbolo eterno de la emancipación y la lucha por la soberanía continental.

