¡De esto no me hablaron!


 

     ‎ En una oportunidad, un joven siervo invitó a un amigo para un servicio dominical en la Iglesia donde se congregaba. En los días previos a ese domingo, el joven siervo le hablaba a su amigo sobre las maravillas de su congregación. Entre tantas cosas, le dijo que en su congregación le daban desayuno a los invitados, que tenían aires acondicionados de 5 toneladas y por lo tanto había que llevar chaqueta; que transmitían en vivo por YouTube, que tenían monitores para seguir la pista de las adoraciones, que tenían un servicio personalizado para los invitados, planta eléctrica por si acaso y en fin, otras tantas “bondades” más.

     ‎Al llegar el esperado domingo, el amigo acudió a la cita con El Señor, sin desayunar y con una franela manga larga por lo del frio; pero resulta que solo le dieron café amargo, comenzando el servicio se fue la luz, la planta eléctrica no tenía gasolina y para rematar, la silla en donde lo ubicaron se le partió una pata y el amigo se cayó. Al salir del servicio, se le escuchó decir: ¡de esto no me hablaron!

     ‎Hoy, en nuestras Reflexiones en Familia, vamos a deleitarnos con una porción de La palabra inspirada por Dios, que en Hechos 16, versos 30 al 32 de la versión Reina-Valera 1960, dice: “y sacándolos, les dijo: señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa, y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa”.

     ‎Amados, en muchas oportunidades ha ocurrido algo similar como lo del joven siervo y su amigo; ya que, pretendemos “seducir” a alguien para que llegue a los pies de Cristo mostrándole las comodidades del mundo y no enseñándole a seguir a Jesucristo por la obediencia a la palabra del Padre. La Biblia relata en Hechos, que cuando Pablo y Silas fueron encarcelados por haber curado a una mujer poseída, ellos en la prisión oraron y alabaron a Dios, llamando la atención de los demás detenidos; pero estando allí, sobrevino un terremoto que abrió las puertas de la cárcel, el celador despertó y al pensar que los presos habían escapado intentó suicidarse; pero Pablo lo detuvo y le certificó que todos estaban allí. Es en ese momento cuando el celador, sorprendido por esa muestra de amor, les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? y así inició su camino en Cristo.

‎¡Debemos ser como Pablo y Silas: mostrar al Señor todo el tiempo!

     ‎ Querido amigo, aunque alguien busque atraerte con las comodidades terrenales, queriendo venderte humo y centrando su plan en lo perecedero,  “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”; y de esa manera, jamás vas a ser decepcionado. Y tú querido hermano, que ya eres conocedor de la Palabra, sé cómo Pablo y Silas, que “le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa” y de esa manera, ninguno podamos decir que ¡de esto no me hablaron!

     ‎En estos tiempos tumultuosos, en cuando importa más la cantidad de asientos llenos que de corazones, y en donde los vendedores de humo solo quieren que nuestra vida se base en la apariencia, en vanidad, en ideologías y en modas temporales, vemos muchos hermanos deambulando y siendo presa fácil del enemigo; pero también, se escuchan voces que glorifican a Dios y que exhortan a ser más meticulosos con nuestras palabras, ya que estas pueden tener un efecto rebote en nuestras vidas y en las vidas de aquellos que nos rodean.

‎“El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad”. Proverbios 13:3 (R-V 1960).

     ‎Es importante recordar que en un mundo donde el ruido es constante, debemos reflexionar antes de hablar y elegir bien las palabras para no convertirnos en vendedores de humo.
‎¡Hablemos con claridad, para que nuestras palabras sean un puente que nos lleve a Jesús y no un muro que nos distancie de Él!

‎»Así que las personas llegan a confiar en Dios cuando oyen el mensaje acerca de Jesucristo. Pero yo pregunto: ¿Será que no han tenido oportunidad de oír el mensaje? ¡Claro que lo han oído! Porque la Biblia dice: «Sus palabras recorren toda la tierra y llegan hasta el fin del mundo»» Romanos 10:17-18 (TLA).

‎Amado, tú que lees esta reflexión, no te la quedes, ya que alguien puede estar esperando por ella.

¡Bendiciones para todos!

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