CARMEN PÉREZ MONTERO/
Atendiendo siempre a mi deseo de no dejar morir los recuerdos de aquellos personajes que dejaron huellas en el sentir y en la memoria de sus contemporáneos, hoy viernes 09 de enero de 2026, me trasladé al hogar del desaparecido Héctor Manuel Lendo López, llamado por sus clientes, cariñosamente “El Ñerito”, quién nació en Duaca el 18 de julio de 1923 y fue uno de esos larenses que atraído por la pujante ciudad de Acarigua, se radicó aquí y comenzó a trabajar a la orden del conocido empresario de esa época Pilar Moreno, dueño del Abasto Caracas, cuando sólo contaba 14 años de edad, duró varios años trabajando con él, mientras adquiría los conocimientos necesarios en el arte del comercio y el perfecto manejo de las operaciones elementales (suma, resta, multiplicación y división) en cuya destreza era un verdadero as.
El señor Pilar Moreno le tomó tanto cariño por su honestidad y responsabilidad que en la década de los sesenta le vendió la licencia de su abasto y así “El Ñerito” se independizó fundando su primera bodega.
Se casó con Cruz Alburjas, con quién tuvo tres hijos; José Gregorio, Yusmary y Carmen, quien fue la que me proporcionó los datos necesarios para elaborar este testimonio del recuerdo.
Su apodo de “El Ñerito” viene dado porque como buen larense acostumbraba tratar a todos sus allegados como “compañero” y de allí derivó El Ñero que muy pronto, por afecto sincero, se convirtió en su diminutivo “El Ñerito”, cuyo apodo sustituyó el nombre de su bodega que cuando se inició, en las inmediaciones del Comedor Popular llevaba el nombre, simplemente, de “Bodega”. Allí se expendía todo tipo de alimentos y aguardiente; pero su clientela nunca decía voy para la bodega, sino voy para que “El Ñerito”. Era un hombre sumamente sensible, cariñoso, católico, solidario y muy familiar. Le fiaba a todo el vecindario y allí con plata o sin plata la gente humilde se llevaba su mercado, unos pagaban y otros no; pero él decía “Los ricos ya están completos”. Debido a que la bodega estaba en una casa alquilada, pronto pudo comprar una casita muy humilde en el Barrio Paraguay, calle 9 cruce con avenida7 y al lado de esa casita construyó una casa moderna para su amada familia. Los domingos no trabajaba y aprovechaba para, en su carrito, sacar de paseo a su esposa e hijos y los llevaba a cenar en “Los Planetarios”, lujo que pocas familias, en esa época podían darse, porque él, según su hija Carmen, “le gustaban las cosas buenas”.
Se codeaba con sus amigos bebedores y les aconsejaba y les alegraba la vida con sus chistes y poemas, porque también le gustaba escribir sus versos, “para muestra un botón”, recogí éstos de su propia inspiración: A solas y en embeleso/ no vieron que yo llegaba/ y escuché cuando pasaba/ pedir la ñapa de un beso/ ahí yo seguí pensando/ que me pudiera hacer socio/ ¿cómo será ese negocio? pedir la ñapa de un beso.
Él era descendiente de familia italiana y los amigos, entre tragos hacían unas tertulias y elaboraban cuartetas donde “El Ñerito” llevaba la peor parte. Estas dos cuartetas citadas son de autor anónimo: En las ciudades gemelas/ desde Araure hasta El muertico/ se habla de este personaje/ que lo llaman “El Ñerito”.
Es de origen italiano;/ pero nadie se lo cree/ porque el bichito es más feo/ que un monito chimpancé.
Este inolvidable personaje de la Acarigua de ayer murió el 28 de diciembre de 2010, como buen inocente, a los 86 años de edad.

