Froilán Barrios Nieves/
En medio del naufragio del publicitado proyecto político “Socialismo del siglo XXI”, es fundamental reincidir sobre el impacto brutal en la civilidad, en la institucionalidad pervertida por un régimen que condenó a toda una nación, a sus ciudadanos, a revertir in extremis la condición humana de un país que durante el siglo XX supo enfrentar el latrocinio dictatorial y conocer la experiencia democrática mas prolongada de su historia.
No debe haber duda que el efecto de la victoria popular del 28-J 2024 visualizó el inicio de la agonía del régimen chavomadurista, tal como lo conoció el puntofijismo con el triunfo de Hugo Chávez el 05-12-98, con la diferencia que la disminuida clase política gobernante en retirada hizo gala de su talante democrático y entregó el testigo del cambio político sin oponer resistencia.
Hoy a 27 años a cumplirse el próximo 02 de febrero cuando miramos al retrovisor, la imagen nos plasma la realidad de un país devastado integralmente, en condiciones de degradación extrema y a una distancia considerable del país que recibieron de una maltrecha democracia, la cual mantenía poderes públicos autónomos y garantizaba al menos la oportunidad de obtener un trabajo digno, para derivarla a lo largo del siglo XXI en una cruenta tiranía.
En las primeras de cambio de 2026 bajo la prolongación de un mandato usurpador debilitado y surgido tras la extracción de Maduro, reflejó en la población un alivio y al mismo tiempo incertidumbre ante la permanencia integral del estado opresor, quien ante la presión de la administración Trump ha cedido excarcelando a cientos de presos políticos bajo ilegales medidas cautelares, además de mantener la política solapada de “puerta giratoria”.
Cuestión que ha centrado el reclamo popular al exigir la liberación plena de todos los presos políticos civiles y militares, destacándose también la atención focalizada en el destino de los recursos petroleros hoy controlados por la administración norteamericana y el régimen, desconociéndose como llegará a la población.
Por tanto, es oportuno abordar el tema que impacta directamente a toda la población y no acepta ningún retardo como es el trabajo y su remuneración, la libertad sindical y los derechos laborales, remarcado en grado sumo ante un régimen que fue capaz de precarizar a un país entero. Según las ultimas cuentas publicadas por el BCV, INE, Venezuela registraba una población económica activa para 2014 de aproximadamente 14 millones de trabajadores, luego no han publicado cifras creíbles que permitan conocer el apocalipsis laboral cuyo calificativo pudiera calificarse de genocidio al destruir el salario, convenios colectivos, la seguridad social, la educación, como ningún régimen se haya conocido en la historia continental.
Junto a los delitos contra los DDHH esta política labrada con saña y perversión durante un cuarto de siglo convirtió en trabajadores precarios a los otrora trabajadores formales, en pocas palabras permitió conocer nuevos conceptos laborales como la “transición del proletariado al precariado”.
Realidad laboral abordada por expertos quienes señalan “representa un cambio estructural en la clase trabajadora, evolucionando desde empleos estables y protegidos hacia una «nueva clase peligrosa» marcada por la inseguridad laboral, financiera y existencial. El precariado carece de identidad ocupacional, prestaciones sociales y control sobre su tiempo, enfrentando alta inestabilidad, derivando en la nueva clase obrera que reniega de sí misma”. El precariado, el nuevo proletariado. “Esta nueva clase es muy débil porque todavía está adquiriendo conciencia y no está muy bien organizada. […] Son riders, kellys…”. Con esta desorganización, advierte, retroceden sus derechos, El Pais (2024).
Ahora bien, estos análisis corresponden a economías de mercado donde solo una parte de la población “trabaja en negro”, como es el caso en la UE de España donde la mitad de los asalariados en ese país son precarios. Según el CIS, hay un 41% de clase obrera en España, pero solo el 11% de la población se percibe como tal”.
En el caso de Venezuela corresponde a la cuasi totalidad de los trabajadores, en el sector público: Ministerios, Institutos Autónomos, Alcaldías, Gobernaciones, Universidades, Empresas del Estado los salarios oscilan entre 10 y 50 $ mensuales, agravados ante la suspensión de sus convenios colectivos, entre tanto en el sector privado contadas son las excepciones de empresas que negocian convenios colectivos con sus trabajadores, el resto aprovecha la ganga que ofrece el «estado revolucionario» de pagar solo el salario mínimo hoy equivalente a 0,40 $ mensuales, complementado con los bonos discrecionales de 120 $ mensuales sin ningún efecto en prestaciones, utilidades, etc.
Igualmente se observa “como natural” en el sector comercio que absorbe la mayoría del empleo juvenil, el trabajo a destajo con horarios de 12 horas aplicando el sistema chino conocido como 969, es decir de 9 am a 9 pm y 6 días la semana, con ingresos sin prestaciones sociales alrededor de los 100 a 140 $ mensuales., iguales condiciones se conocen en el trabajo remoto.
A toda esta catástrofe de la precariedad se agrega la ausencia absoluta de capacitación, que permita actualizar la escasa formación de la mano de obra necesaria en mercados hoy invadidos por las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial que afectan la estructura ocupacional en el comercio mundial.
¿Qué resultados podíamos esperar de esta política infame de precariedad laboral?, promovida con toda la intención por un régimen “redentor de los trabajadores” y un “presidente autocalificado obrero”, hoy felizmente convicto en una cárcel de Nueva York. Pues lo que hemos conocido ha sido la estampida de mas de un 30% de la población representada en la diáspora de mas de 10 millones de personas ubicables en 90 países del planeta, en ese contexto la pobreza en Venezuela se mantiene en niveles críticos, con estimaciones que sitúan la pobreza general cerca del 86% de los hogares, según datos de marzo de 2025 del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF). La pobreza multidimensional supera el 50% de la población, con alta incidencia de inseguridad alimentaria y acceso limitado a servicio.
Todas estas cifras dantescas traducen la condición de vida a niveles infrahumanos con la hecatombe de los servicios públicos: Hospitales, clínicas, transporte, vialidad en ruinas, educación en crisis por el éxodo docente. A esta cruenta realidad se añade la desaparición de miles de ciudadanos venezolanos que han fallecido al haberse ido de su país que una vez los cobijo adecuadamente, esta es una estadística que será difícil conocer de cuantos perdieron la vida por accidentes de tránsito, víctimas del crimen organizado, víctimas de enfermedades al estar desprotegidos sin seguridad social aventurados en multiples geografías del orbe a la buena de Dios.
En definitiva, en esta materia la población venezolana ha sufrido de todas las calamidades por conocer, la xenofobia, la discriminación laboral, políticas migratorias xenófobas, que resumen el padecimiento de un holocausto como jamás conoció pais alguno en la América Latina. Convirtiéndolo en una deuda social que el estado venezolano debe reconocer al Reinstitucionalizar al pais.
Froilán Barrios Nieves Movimiento Laborista

