Hace poco visité un viejo amigo que se sobrepone de un problema de salud, entre chistes, cuentos y anécdotas juveniles, tocó el turno de hablar sobre el inconveniente de salud por el cual transita; pero, previo a esa visita, un familiar me dijo que no solo su condición de salud le afectaba, sino que lo más que le trastorna, es que su único hijo se encontraba en otro país.
Mi amigo, me hizo un breve recuento de sus cuatro meses convaleciente, en los cuales no ha podido trabajar, y de la pena que siente porque su pareja es quien le atiende y su hijo es quien costea los medicamentos y la comida, en su contrariedad, soltó: “mi paciencia se acabó”.
Amados, hoy en nuestras Reflexiones en Familia, compartiremos una poderosa porción de la Palabra inspirada por Dios, que en el Salmo 40, versículos 1 y 2 de la Nueva Traducción Viviente, dice: “Con paciencia esperé que el Señor me ayudara, y él se fijó en mí y oyó mi clamor. Me sacó del foso de desesperación, del lodo y del fango. Puso mis pies sobre suelo firme y a medida que yo caminaba, me estabilizó”.
Queridos hermanos y amigos, la palabra paciencia es de pocos amigos ya que está asociada a esperar y a que no veremos el resultado al instante; pero, debemos entender que hay momentos en nuestras vidas, en los que debemos tener paciencia para recibir una respuesta de Dios, creyendo y confiando que en Él está nuestra espera.
Amado amigo, si hoy ha tocado tu puerta algún infortunio y sientes que estás desesperado en un foso lleno de lodo, pídele a Dios que te enseñe una manera de esperar, dile al Señor que cambie tus lágrimas por sonrisas, que ponga flores en el camino lleno de espinas, que cambie tu angustia por alegrías, dile que Él es tu esperanza y que tu espera no es igual a la de los demás; además, dile al Señor que te sometes al poder de Su voluntad.
¡No es el tiempo que esperas, es la forma como esperas y con quien esperas!
El Salmista David nos dice en el Salmo 27 verso 14: “Espera con paciencia al Señor; sé valiente y esforzado; Sí, espera al Señor con paciencia”. David fue un hombre que tuvo que tener mucha paciencia, puesto que en medio de la persecución que sufría, él escribía hermosos cánticos y en ellos resalta el tener paciencia frente a cualquier circunstancia, ya que la paciencia es clave para ver las respuestas que necesitamos.
Amado hermano, el hecho que tengamos que esperar no significa que Dios no va a responder, al contrario el hecho de esperar en el Señor tiene mayor mérito porque eso significa que tú y yo nos hemos sometido a Su voluntad perfecta y justa. Impacientarse es darle espacio a la duda, y la duda es contraria a la fe, por lo tanto al tambalear nuestra fe, estamos a merced de las maquinaciones del enemigo y rumbo al fondo del lodazal.
Si esperamos con paciencia, sea cual sea la situación que estemos atravesando, de seguro que el Señor en su perfecto tiempo va a volver la mirada hacia nosotros, escuchará nuestro clamor y obrará; y entonces lograremos probar el fruto dulce de la espera, porque la paciencia en Dios es la llave que abre las puertas de la bendiciones. Debemos ser como David, un hombre que dependía de Dios, tanto en los momentos de adversidad como en los de gloria y de arrepentimiento.
¡Ten paciencia no te desesperes, que el Señor ha de premiar la espera!
Hay muchos ejemplos de personas pacientes en la Biblia, como Abraham, José, Job y Jesús; pero quizás, la historia más notable de paciencia está registrada en el Libro de Éxodo, en donde Dios guio a Moisés y su familia a través del desierto a la tierra prometida durante cuarenta años, el pueblo de Dios a menudo dudó y se quejó en el camino y, en ocasiones, estuvo a punto de darse por vencido, pero Dios respondió a sus clamores y proveyó comida, agua y otras señales de su infinita bondad.
Amados todos, la paciencia es una de las virtudes más valiosas de la vida cristiana, ya que implica constancia, perseverancia y dominio propio; es la actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades con fortaleza, moderación y firmeza, también incluye una dosis de serenidad en medio de la dificultad.
Y tú, que lees estas Reflexiones, si conoces de alguien que esté en “el foso de desesperación, del lodo y del fango”, dile que la paciencia no es sólo la capacidad de esperar para salir del foso, sino la habilidad de mantener una buena actitud mientras espera para salir de allí; y dile, que en esa espera la mejor compañía está en Dios.
“Que todo mi ser espere en silencio delante de Dios, porque en él está mi esperanza” Salmos 62:5 (NTV)
Bendiciones para todos
Ten paciencia, no te desesperes

