FROILÁN BARRIOS NIEVES /
A medida que transcurre el año 2026 se multiplican los llamados de propios y extraños al éxodo, exigiéndole el retorno inmediato al país a partir de la consideración que la situación cambió en Venezuela y amerita el aporte inmediato de sus ciudadanos dispersos por el mundo, quienes deben al sonido del clarín de la patria presentarse presurosos en su territorio.
Sin mediar palabras ni conjeturas se insta a más de 9 millones de personas, las cuales partieron, perdiendo en la mayoría sus bienes y modos de vida para arrancar de cero en otros países, donde fueron tratados con benevolencia en algunos o con discriminación y xenofobia en otros, a tal extremo que permanecen en la incertidumbre al desconocer en tierras extranjeras o en su pais el próximo paso que les garantice seguridad parcial o plena individual y familiar.
Veamos la dimensión aproximada de la diáspora venezolana: 1. Colombia: 2.856.123, 2. Peru: 1.662.889, 3. Estados Unidos: 1.168.271, 4. Chile: 728.586, 5. Brazil: 626.885, 6. España: 518.918, 7. Ecuador: 489.528, 8. Argentina: 223.455, 9. República Dominicana:124.123, 10. Mexico:110.252, 11. Portugal:102.354, 12. Panama: 94.435, 13. Italia 64.521, 14. Uruguay 41.256, 15. France 31.325. Fuente: MPI, UN, The Guardian.
Esto nos indica solo a estos 15 países señalando que según el Observatorio de la Diáspora Venezolana (ODV), dirigido por el sociólogo Tomás Páez, se identifican migrantes venezolanos en al menos 90 países. La diáspora, que supera los 9,1 millones de personas (según proyecciones a mayo 2025), se extiende globalmente, con una presencia significativa analizada en más de 1.500 municipios y 500 ciudades.
Dichas cifras significan que el éxodo venezolano es cuantitativamente el mayor a nivel global, superando incluso a países que han sufrido guerras civiles como los casos de Siria, Afganistán, Myanmar y el caso especifico de la cruenta guerra emprendida por el abominable dictador ruso Vladimir Putin contra Ucrania.
Por consiguiente el tema no puede ser tratado con ligereza sino con la gravedad del caso, es decir tomar en cuenta cuales son las condiciones actuales del país, como lo indica Ricardo Hausmann: “Sin garantías democráticas no habrá inversión ni transición en Venezuela, advirtiendo que la reapertura petrolera carece de credibilidad sin garantías políticas, elecciones verificables y control efectivo del aparato coercitivo, cuestionando la estrategia de Washington, y describiendo un país aún regido por la arbitrariedad y sostiene que la incertidumbre jurídica seguirá ahuyentando capital y talento”. El Nacional 09/02/2026.
A esta información añadimos las declaraciones de Jorge Rodríguez del 10/02/2026 asegurando que no habrá elecciones presidenciales en un futuro cercano en Venezuela al priorizar la «estabilidad» indicando que «Lo único que puedo decir es que no habrá elecciones en este periodo inmediato», afirmó Rodríguez a #Newsmax, un medio conservador estadounidense.
En pocas palabras la situación de la diáspora venezolana no es color de rosa, si bien es cierto ha sido beneficiada con políticas estables de inmigración como en algunos países de América Latina como: Colombia, Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, en otros la hostilidad y la xenofobia es creciente en los casos de Chile y Perú.
En otras latitudes en la Unión Europea destaca el gobierno de España que promulgó el 20/01/2026, un decreto que ofrece a cientos de miles de migrantes indocumentados una vía para salir del limbo legal; la medida posiciona al país en un contraste con muchos países que en todo el mundo han endurecido cada vez más su postura frente a la migración ilegal.
Entre tanto en EEUU. se agrava la situación de 650.000 venezolanos al suspenderse definitivamente el TPS, el permiso transitorio que les garantizaba permisos de trabajo y permanencia temporal pero estable en el país norteño, donde conocemos imágenes patéticas de detención, arresto y envío a centros cuestionados por la violación a los DDHH.
En ese contexto resalta la indefensión que sufren nuestros compatriotas en este país, al punto que ninguna voz opositora venezolana destaca por denunciar que la situación del país no ha cambiado, manteniendo su atención solo en los efectos de la intervención de la actual administración de EEUU sobre nuestro país, relegando a un segundo plano la suerte de miles de compatriotas.
Incluso en las redes sociales aparece consecutivamente el mensaje “si ese es el precio que tenían que pagar los venezolanos por la extracción de Maduro hay que mirar para otro lado ante la eliminación del TPS para 650.000 venezolanos en EEUU y agradecerle al gobierno de Trump la acción”. Vaya ironía.
Para colmo de males se asoma una política antimigratoria similar en Chile con el nuevo presidente José Antonio Kast quien asume el poder el próximo 11 de marzo de 2026 declarando “No habrá regularización, habrá expulsión”, promesa a ejecutar desde su primer día de gestión. Lo que ha generado alarma en Perú y otros países de la región andina ante la oleada de migrantes entre los cuales se identifica aproximadamente a unos 200.000 venezolanos.
Finalmente, la indiferencia no debe ser la respuesta ante la situación que afecta a casi un 30% de la población venezolana en el exilio, que le ha costado la vida a miles de compatriotas y la perdida de talento humano, por el contrario debiera crearse un ministerio exclusivamente para atender tamaña catástrofe, tarea a asumir por un nuevo gobierno, no por este nefasto régimen que propició la estampida más brutal de sus pobladores que haya conocido país alguno en el continente americano.
Froilán Barrios Nieves Movimiento Laborista

