Un predicador exageradamente centrado en sí mismo, trató de alimentar su ego pidiendo aplausos durante una predicación. A cada momento, exigía a los presentes “un aplauso para El Señor”; pero llegó un momento, en el cual su “yo” altamente influenciado por el mundo y sus cosas, perturbó tanto su subordinación a Dios, que quiso llevar “el mensaje” con su arrojo humano en lugar de darle la excelsitud a la Gloria de Dios.
Sumergido en lo más profundo de su yo, intentó sin éxito forzar a los demás a que le demostraran admiración utilizando incontables veces el “soy” y el “estoy”, y casi que obviando al Señor, pero sin contar que Dios no puede ser eclipsado y que fuera de Él no somos nadie. Al finalizar la alocución el lugar se llenó de silencio, miradas confusas y la duda dijo aquí estoy; pero quién llevaba la dirección del Servicio, entonó un “coro de fuego” avivando la presencia y el poder del Espíritu Santo en el lugar. Ya al final, alguien se acercó al ególatra orador y le dijo: hermano, ¡no prediques por aplausos!
En nuestras Reflexiones en Familia de hoy, compartiremos una poderosa porción de la Palabra inspirada por Dios, que en Gálatas 1, versos 11 y 12 de la Nueva Versión Internacional, dice: “Quiero que sepan, hermanos, que las buenas noticias que yo predico no es invención humana. No lo recibí ni lo aprendí de ningún ser humano, sino que me llegó por revelación de Jesucristo”
Amados, en este pasaje bíblico en el que Pablo escribe a las iglesias de Galacia, deja claro que su objetivo no es agradar al hombre sino cumplir con la voluntad de Dios; y afirmando igualmente, que el mensaje que predica no le ha sido enseñado por ningún ser humano, sino que lo ha recibido por develamiento de Cristo.
¡Predica a Cristo y Él hará!
Queridos hermanos, en esa época generalmente los creyentes recibían la enseñanza directa de otros hombres que dependían de la tradición rabínica, y estos en su mayoría, utilizaban interpretaciones humanas sobre las Escrituras; pero, al Apóstol Pablo fue Jesucristo mismo quien le reveló el evangelio, convirtiéndolo en un hombre distinto con un mensaje diferente y fue esto lo que transformó su vida, su ministerio y hasta la misma historia del evangelio.
¡Dios convirtió a Pablo en Su más preciado instrumento!
Amados, hoy día vemos muchas Iglesias llenas pero también vemos infinidad de corazones vacíos, porque al sensacionalismo le están dando más espacio que a la Palabra, lo sentimental ha desalojado a la verdad, lo emocional es confundido con presencia, igualmente hoy muchos predican por “likes”, por tener más seguidores en sus redes sociales, por ser el centro de atracción; y hasta llega el momento, que para alimentar el ego “predican por aplausos”.
Hoy día, debemos buscar ese encuentro con Jesús para ser transformados; ahora más que nunca nos damos cuenta que el mundo no necesita consejos de parte del hombre, necesita de la verdad revelada de Dios. Hermanos, preguntémosle al Señor tal como lo hizo Saulo antes de ser convertido: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Hechos 9:6 (RV-1960)
¡Hoy El Señor quiere instruirte para que cambies!
Queridos amigos, tal como a Saulo El Señor lo convirtió en Pablo, la Palabra inspirada por Dios ha cambiado la vida a millones de personas en toda la tierra; es por ello, que hoy Jesús quiere juntarse contigo en ese camino a Damasco tal como con Pablo, para decirte: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6
Amados, si esta reflexión te ha dicho algo, no te quedes con ella ya que puede haber alguien necesitándola; no busques “likes”, busca corazones rotos para restaurarlos.
“Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”. Hechos 4:31 (RV-1960)
¡Bendiciones para todos!
NO PREDIQUES POR APLAUSOS

