Nadie sabe cómo terminará esto

Luis Fuenmayor Toro /

Quienes piensan que tienen todo controlado y que, por lo tanto, saben cuál es el destino y el desenlace que nos espera a los venezolanos en el mediano plazo, están totalmente equivocados, pues ni siquiera quien tiene las riendas del país en este momento es capaz de saberlo. Dicho directamente, para que lo entiendan quienes no entienden mucho, EEUU no tiene total certeza de lo que ocurrirá. Muchos dijimos, tempranamente, que habría una agresión militar a Venezuela, pues las intenciones imperialistas eran más que claras en todas sus acciones. Sin embargo, si Maduro hubiera aceptado el ofrecimiento gringo de irse del país, con la misma facilidad y cobardía con la que González Urrutia, Leopoldo López, Simonovis y varios otros, aceptaron en su momento los ofrecimientos de Maduro, no hubiera habido bombardeos, ni combates, ni secuestros. O sea, que aún en este caso aparentemente claro, no se podía estar seguro de la ocurrencia de una invasión, pues dependía de la respuesta que diera el gobierno venezolano.
Podemos estar seguros de que la mayoría de las distintas fuerzas políticas actuantes en Venezuela y en el exterior, tratan de conducir al país en función de sus intereses grupales y no en atención a los intereses de la nación venezolana. Se deduce de sus posiciones y discursos. Esto sería particularmente peligroso cuando se trate del gobierno del PSUV, pues es uno de los dos actores principales en la contienda actual, y en principio debería representar los intereses nacionales. Aunque la presidente encargada, se ha manifestado claramente de esa manera, y nuestra conducta es apoyarla en ese sentido, no estamos para otorgar cheques en blanco a nadie en particular y menos cuando lo que está en juego son los más elevados intereses de la patria. Seguiremos atentos al ejercicio gubernamental, a sus decisiones, sus directrices, sus contradicciones, sus debilidades, prestando siempre la mayor atención a los hechos que a las promesas y discursos.
Y esto lo hacemos no porque seamos mezquinos o no creamos en las buenas intenciones de Delcy Rodríguez, sino porque sabemos que las decisiones no dependen sólo de ella, ni de la cúpula dirigente, ni están determinadas por su voluntad, sino que las mismas están siendo forzadas malsanamente por los intereses nada probos del gobierno estadounidense, interesado primariamente en su seguridad y en mantener la hegemonía que, a sangre y fuego, han conquistado durante siglos en detrimento de la soberanía, la autodeterminación y la libertad de los pueblos del mundo. Hoy, además, en manos de un supremacista blanco, agresivo, cínico, indolente y de muy cuestionada vida privada.     
Este otro actor, el Departamento de Estado, de quien sabemos, o deberíamos saber, a dónde nos quiere llevar, actuaría con mucho mayor libertad, si en el gobierno estuviera el equipo apátrida de María Corina Machado, pues no habría ninguna resistencia gubernamental a los planes de dominación imperialista. Muy por el contrario, éstos se verían totalmente facilitados. Y ésta no es una apreciación irresponsable, ni producto de una actitud emocional ni politiquera, pues se desprende de los continuos agradecimientos y loas presentes en el discurso público de esa lideresa, hacia el presidente gringo, los cuales han constituido siempre una parte central de sus expresiones, declaraciones e intervenciones públicas, lo que puede fácilmente ser comprobado por cualquiera.
Elecciones, elecciones ya, gritan quienes tienen décadas absteniéndose, sin reconocer los resultados que les son adversos o participando en forma perversa como lo hicieron el 28 de julio. Gritan desde sus posiciones conspirativas, difamatorias de nuestro gentilicio en el mundo entero, sin reconocer al gobierno que tienen enfrente, pese a que es éste quien les permitió en un momento abandonar el país, quien inició la liberación masiva de presos en diciembre pasado, quien aprobó una Ley de Amnistía, de la cual ellos todos se han beneficiado. Nos amenazan con el regreso de la “súper” lideresa, quien seguramente aspira a disfrutar de una protección especial, que le permita violentar impunemente de nuevo las leyes, retar ilegalmente a la autoridad presidencial y embochinchar un país, que lo que quiere es paz, trabajo mejor remunerado y mejoras sociales.
Desde ya dicen que nadie les puede ganar, como si ellos supieran que tienen en su mente la mayoría de los venezolanos, ni mucho menos que tendrán dentro de dos o más años, cuando se puedan dar los comicios. Sin dudas, que les ayuda la división del resto de la oposición, la inexistencia de un nuevo liderazgo y la actitud de unos tantos en el gobierno y el PSUV contrarios a la alternabilidad. Estas situaciones tienen que cambiar, si no queremos al fascismo instalado en el poder.

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