Misa Crismal en Acarigua-Araure: Signo de comunión y renovación sacerdotal

Especial/ Prensa Diócesis Acarigua–Araure.- En un ambiente de profunda solemnidad y sentido eclesial, la Parroquia Sagrario Catedral Nuestra Señora de la Corteza, fue escenario de la Misa Crismal de la Diócesis de Acarigua-Araure, presidida por Monseñor Gerardo Ernesto Salas Arjona, en el marco del Jueves Santo, inicio del Triduo Pascual.

La ceremonia, una de las celebraciones litúrgicas más significativas de la Iglesia Católica, congregó a sacerdotes de las 26 parroquias, religiosos, fieles laicos, así como autoridades gubernamentales y municipales de Acarigua y Araure, quienes acompañaron este importante momento de fe y unidad diocesana.

Durante la solemne celebración, los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso de servicio, fidelidad y entrega al Pueblo de Dios. Asimismo, tuvo lugar la bendición de los óleos sagrados —óleo de los catecúmenos y óleo de los enfermos— y la consagración del Santo Crisma, signos visibles de la gracia que se derrama en los sacramentos a lo largo del año.

En su homilía, Monseñor Salas Arjona ofreció un mensaje profundamente espiritual y cercano, agradeciendo a los sacerdotes por su “entrega silenciosa, radical y gratuita en la extensión del Reino de Dios”, destacando su papel como constructores de esperanza, alegría y servicio en medio del pueblo.

El obispo subrayó que el Espíritu Santo, el mismo que ungió a Jesucristo, continúa actuando hoy en la Iglesia, haciendo visible la comunión y fortaleciendo la misión evangelizadora. En este sentido, insistió en que “la Palabra de Dios se cumple aquí y ahora”, invitando a todos a vivir una fe encarnada en la realidad cotidiana.

En una reflexión profunda sobre el sentido del sacerdocio, destacó que el llamado de Dios no es a condenar, sino a bendecir:

“Un sacerdote del Señor solo puede bendecir y ser bendición. En ninguna circunstancia estamos llamados a maldecir, sino a llevar esperanza, indicó.

Asimismo, hizo un llamado a dejar de lado actitudes de juicio o venganza, recordando que la misión del cristiano es ser instrumento de reconciliación y de liberación, promoviendo la paz y la esperanza en cada contexto.

La celebración también puso de relieve la dimensión sacramental de la Iglesia, recordando que Cristo se hace presente en cada sacramento, y que los sacerdotes son signos visibles de esa gracia invisible que transforma la vida de los fieles.

En sintonía con el magisterio del Papa León XIV, se reafirmó la importancia de un sacerdocio cercano, humilde y comprometido con su pueblo.

La Misa Crismal 2026 se consolida así como una solemne ceremonia de comunión eclesial, renovación espiritual y envío misionero, que invita a toda la Iglesia a ser signo vivo del amor de Dios en medio del mundo.

Entradas relacionadas