Con nombres y todo: lo que las encuestas dicen sobre el fin de una era

RAIMOND GUTIÉRREZ /
 
Encuestas serias de Venezuela y del resto de América han venido exhibiendo desde hace más de un quinquenio que los principales problemas de los venezolanos son, en estricto orden: la crisis económica y el alto costo de la vida, la deficiencia de los servicios públicos, la inseguridad alimentaria, la crisis política y falta de institucionalidad, y la migración y separación familiar.
En el contexto de la crisis política, el deseo de los venezolanos por un cambio a través de la vía electoral se mantiene vigente y en aumento, aunque marcado por una profunda desconfianza hacia las existentes instituciones. En la actualidad, y tras las controvertidas elecciones de 2024, el debate se desplazó hacia la posibilidad de una mega-elección o elecciones generales que re-legitimen todos los cargos públicos; por lo que el sentimiento popular respecto a los procesos electorales sigue siendo complejo y varía según quién sea el convocante, dado que existe una fuerte resistencia a participar en elecciones convocadas bajo la regencia del actual CNE.
Las principales mediciones que sustentan el deseo/necesidad de elecciones presidenciales inmediatas son:
Meganalisis (enero 2026): este estudio destaca que el 78,3% de los venezolanos votaría por María Corina Machado si las elecciones presidenciales se celebraran hoy. Además, revela un rechazo masivo hacia la gestión de Delcy Rodríguez (93,5%), lo que acentúa la presión por una nueva elección del Ejecutivo.
The Economist (enero 2026): un sondeo realizado tras los acontecimientos del 3 de enero reveló que el 91% de los encuestados desea que se celebren elecciones en un plazo de un año o menos.
AtlasIntel / Bloomberg (enero 2026): sus datos confirman que la vía electoral es la opción preferida para la transición en Venezuela, con un 38,2% de los consultados identificando a María Corina Machado como la líder ideal para el próximo período.
Delphos (prospectiva 2026): en sus análisis presentados a finales de 2025, 7 de cada 10 personas consideraban necesario un cambio político radical para mejorar la situación del país.
Atlantic Council (febrero 2026): una encuesta reciente de este centro indica que más del 60% de los connacionales exige una elección presidencial para resolver la crisis de legitimidad.
Financial Times (febrero 2026): su muestreo presenta quién ganaría una elección presidencial hoy, resultando que María Corina Machado obtuvo un 67% y Delcy Rodríguez un 25%; lo que confirma el resultado de lo consultado por la encuestadora Meganalisis en enero próximo pasado.
Los resultados anteriores contrastan con lo que reflejaron las encuestas en 2025, según los cuales: hasta un 83,7% de los venezolanos estaba decidido a no participar más en elecciones por falta de confianza y garantías reales.
En cuanto al tipo de elecciones y cuándo, la discusión política actual contempla diferentes escenarios sobre qué se debería votar y en qué momento: en cuanto a mega-elecciones, ha tenido mucha acogida la tesis de una re-legitimación de todos los cargos electos en Venezuela (presidencia, asamblea nacional, gobernaciones, consejos legislativos, alcaldías y concejos municipales).
Algunos análisis sugieren que este proceso debería proyectarse para noviembre de 2026, aun cuando el principal obstáculo para el deseo electoral es la percepción de que el voto hasta ahora no había constituido una herramienta efectiva bajo el esquema actual, por lo que organizaciones internacionales y analistas de peso señalan que el gobierno ha instrumentalizado los procesos para consolidar su poder, ignorando mandatos constitucionales y recomendaciones internacionales. Esto, por supuesto, venía debilitando la confianza ciudadana en el sufragio como mecanismo de cambio democrático.
Pero –insistimos– en el contexto de hoy existe un deseo mayoritario de realizar presidenciales en un plazo máximo de diez meses, aun cuando voceros del oficialismo y de la «posición arácnida» han descartado la celebración de nuevas elecciones presidenciales en el futuro inmediato, priorizando, según dicen, la «estabilidad nacional».
Resumen de lo hasta aquí dicho es que la población venezolana, en su mayoría, desea un cambio de todos los poderes públicos, empezando por el presidencial, por encima de cualquier otro proceso, pero la desconfianza en el CNE sigue siendo tal que el 83,7% no está dispuesto a participar en elecciones de ningún tipo si no hay cambios estructurales y personales previos.
Para esas anheladas elecciones, que serían una solución democrática real, se requieren condiciones técnicas las cuales pasan por:
El voto manual y transparente, bajo un esquema de conteo manual para evitar las manipulaciones atribuidas al sistema electrónico en procesos anteriores.
La actualización masiva del Registro Electoral, con la apertura de puntos de inscripción permanentes, especialmente para los más de ocho millones de venezolanos en el exterior, cuyo derecho al voto ha sido sistemáticamente bloqueado.
La observación internacional calificada, con la presencia de misiones de la ONU, la Unión Europea y el Centro Carter desde el inicio del cronograma, y no solo el día de la votación, constituyendo esta una condición innegociable para validar el proceso.
El cese de inhabilitaciones y libertad de partidos, mediante la devolución de las tarjetas de los partidos políticos a sus legítimas directivas y el levantamiento de las inhabilitaciones administrativas a líderes opositores.
Otro punto significativo que viene al caso tiene que ver con que los datos más recientes de febrero de 2026 muestran el desplazamiento del liderazgo político de la oposición democrática de Venezuela, por cuanto, si bien Edmundo González fue el candidato unitario, la intención de voto actual se concentra masivamente en Machado. En ese escenario, la figura de González Urrutia se percibe más como una autoridad moral y un aliado estratégico que como el candidato para un nuevo proceso; aun cuando, según estudios de opinión al cierre de 2025, dos de cada tres venezolanos lo reconocen como el legítimo ganador de 2024.
Finalmente, el deseo de cambio en Venezuela es tan vasto como su desconfianza en el sistema vigente. Las encuestas son unánimes: la solución democrática real no admite atajos. Exigir voto manual, un registro auditado y observación internacional no son caprichos de un sector, sino las garantías mínimas para que la participación deje de ser un acto de fe y se convierta en una herramienta de poder. Sin estos cambios estructurales, cualquier llamado a las urnas seguirá chocando con el muro del escepticismo; con ellos, Venezuela estará lista para cerrar un ciclo de crisis y comenzar, por fin, su reconstrucción institucional.

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