‎Mientras más cerca, más lejos



‎Hoy día, los cristianos estamos transitando por caminos llenos de dificultades, en los que algunos, pudiéramos estar viviendo un evangelio a nuestra manera o a nuestra conveniencia y no acorde a lo que nos enseña la escritura; por ello, es importante saber que el evangelio no lo podemos vivir a nuestra manera, no se puede y no se debe, y que vivir sin la dirección de Dios, nos hace más vulnerables a los embates del enemigo.

‎Hace tiempo atrás y en medio de mis impudicias juveniles, mi querida abuela me dijo: hijo contrólese, porque “mientras más cerca, más lejos”. Pasó el tiempo y hubo otra oportunidad que lo repitió; y ya a la tercera vez, me interesé en saber que me quería decir, y en ese entonces fue cuando completo su máxima: “mientras más cerca del pecado, más lejos de Dios”

‎Hoy en nuestras Reflexiones en Familia, nos deleitaremos con una porción de la Palabra inspirada por Dios, que en el Salmo 25, versículos del 4 al 7, de la versión Reina-Valera 1960, dice: «Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día. Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias, que son perpetuas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová»

‎Amados, al pecar, efectivamente estamos desobedeciendo a Dios ya que eso no es lo que Él desea que hagamos y ciertamente, quien vive en pecado vive lejos de Dios y también, de su voluntad; pero Dios Padre, envió a su hijo Jesús para guiarnos por el buen camino y liberarnos del poder maligno del pecado. En este magnífico fragmento de la Santa Escritura, David le dice a Dios que está dispuesto a aprender en sus caminos, abierto a que el Señor continúe enseñándole y guiándolo; ya que él no sigue los caminos de Dios a la perfección, sabe que todavía hay cosas que necesita aprender y aspectos en los que necesita crecer. Por eso, David le pide a Dios que se los muestre; y hoy día, muchos de nosotros también debemos pedirle a Dios que nos encamine lejos del pecado, para poder estar más cerca de Él.

‎Querido hermano, David no siempre llevó una vida acertada para ser merecedor de las bendiciones de Dios. La Biblia relata sobre su adulterio con Betsabé, un error que condujo al asesinato de Urías, allí David pecó de manera grave y se arrepintió totalmente; pero, aun así, sufrió las consecuencias de su pecado.

‎Querido amigo, David es como cada uno de nosotros, los cuales tenemos nuestras propias rebeliones, nuestros propios pecados desde la juventud; pero sea como sea, debemos alejarnos del pecado para poder estar más cerca de Dios. ¡No permitas que el pecado destruya tu relación con el Señor!

‎La Escritura, nos dice en Génesis que Adán y Eva pecaron al desobedecer a Dios, pero no nos dice en ningún pasaje, que ellos mostraron arrepentimiento a Dios, al contrario, se hicieron las víctimas diciendo que Él era el culpable. De igual manera, Dios rescató de los egipcios al pueblo de Israel, pero ellos comenzaron a adorar a otros dioses y haciendo lo malo, se alejaron de Dios. Amados, tal cual sucede en estos tiempos, Dios no es quien toma distancia de ti ni de mí, somos nosotros los que nos alejamos de Él, y es por medio del pecado que se produce ese distanciamiento; pero, aun así, Dios es bueno en todo momento. ¡El pecado separa, pero Su misericordia restaura a quien le reciba en su vida!

‎Muchos cristianos, hoy fracasan en su relación con Dios, ya que no son humildes ni sinceros ante Él para reconocer sus pecados. Nuestro deber es ayudarlos, y por ello te pido que multipliques esta reflexión, ya que puede servir de luz para quien ande en oscuridad y quiera sentir el resguardo de Dios y Su Palabra; igualmente, puedes sumar fuerzas para ayudar a quien decida vivir una vida justa, lejos de las trampas del pecado que pone el enemigo.

‎«Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor» 2 Timoteo 2:22 (R-V 1960)

‎¡Bendiciones para todos!

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