Hace pocos días, conversaba con un apreciado amigo sobre un proyecto que tiene para su finca, al final de la conversación y ya para despedirnos le dije: ¡créele a Dios y ve confiado! Su respuesta fue ¡Amén, yo creo en Dios!
De inmediato y sin ánimo de contienda, le pregunté: ¿Crees en Dios o le crees a Dios? Al notar que titubeó en responder, pude decirle que ante cualquier duda, está La Palabra de Dios para darnos una respuesta.
Hoy, en nuestras Reflexiones en Familia, compartiremos una poderosa porción de La Palabra inspirada por Dios, que en el capítulo 7 de Mateo, versículo 21 de la Traducción en Lenguaje Actual, dice: «No todos los que dicen que yo soy su Señor y dueño entrarán en el reino de Dios. Eso no es suficiente; antes que nada deben obedecer los mandamientos de mi Padre, que está en el cielo»
Amados, en la mencionada cita bíblica está anclada una palabra clave, la cual sopesa si le crees a Dios o crees en Dios, y que no es otra que «obedecer». Creer en Dios, es aceptar que Dios existe; pero creerle a Dios, es vivir en fe y en obediencia a la Palabra de Dios. Creer en Dios, es esperar que Él haga; creerle a Dios, es moverse en lo que ÉL dijo que va a hacer.
Ante todo, lo primero que debemos tener, es Fe; sí hermanos, esa que mueve montañas y que conecta tú oído con La Palabra de Dios para que haya un mover en tu vida, porque en donde hay fe le creen a Dios y donde le creen a Dios, tiene cabida la esperanza, los milagros y las maravillas de Dios.
En La Biblia, hay numerosas historias sobre personas que no solo creyeron en Dios, sino que le creyeron a Él; tal como Abrám, que le creyó a Jehová y salió de su tierra sin saber a donde iría, y ante ello, el Señor prometió darle un hijo para hacer incontable su descendencia, tal como las estrellas en el cielo. «Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» Génesis 15:6
Queridos hermanos y amigos, entre creer y creerle, está el escalón resbaladizo de la duda; esa duda, que sintió Pedro por un momento al ver la fuerte brisa cuando andaba sobre las aguas para ir a Jesús, duda por la cual se estaba hundiendo, tal como lo describe Mateo 14. Pero hoy, también hay miles de personas en el mundo que se han mantenido a flote, porque decidieron creerle a Dios y han visto el impacto de Su poder en la vida de cada uno de ellos; por lo tanto, pidamos al Señor que ponga en nuestro corazón el deseo de creerle a Él, de tal manera que podamos caminar en medio de cualquier tormenta, sin sentir duda de hundirnos.
¿Y tú, estás listo para creerle? Por favor, ayúdame a difundir este mensaje, ya que puede ser útil para alguien que necesita salir a flote.
«Entonces Jesús extendió su brazo, agarró a Pedro y le dijo: —Pedro, tú confías muy poco en mí. ¿Por qué dudaste? En cuanto los dos subieron a la barca, el viento dejó de soplar» Mateo 14:31-32 (TLA)
¡Bendiciones para todos!

