Luis Fuenmayor Toro /
El viaje a EEUU de la presidente Delcy Rodríguez ha generado, en el extremismo opositor, reacciones viscerales muy graves, a las que ya estamos acostumbrados, pues siempre han respondido de esa manera, ante los acontecimientos políticos, nacionales o extranjeros, que consideran adversos a sus intereses. Sus respuestas, a las realidades desfavorables, se caracterizan por ser poco cerebrales y muy estomacales e intestinales. En el caso que nos ocupa: cero análisis, cero reflexiones y cero conclusiones, en cambio sí, una pléyade de protestas llorosas, denuncias rabiosas y acusaciones rencorosas, contra la primera magistrada del país y, en el fondo, contra Donald Trump, pero éstas hechas sí con mucho más cuidado, con delicadeza, con temor e, incluso, en medio de posturas reverenciales.
La política, como actividad social que busca la toma y consolidación del poder, no puede ser el sitio de expresión de desengaños y resentimientos. Estas emociones son muy contraproducentes para la salud física de los actores y sobre todo para su equilibrio mental, condiciones muy necesarias en la lucha política cotidiana. El viaje de la presidente encargada puede ser desagradable para quienes la vienen enfrentando sin resultados por años, pero no puede convertirse en una limitación del pensamiento lógico, ni en una distorsión de la realidad. La furia no resuelve que María Corina no haya sido la “elegida” por la providencia, para representar a Venezuela, sin importar cuánto se haya soñado con ello. En todo caso, lo sucedido debería ser un estímulo para la reflexión sobre los errores cometidos, de manera de no repetirlos una y otra vez.
La reunión de Delcy con Trump agravó el malestar de los opositores extremistas, algunos hasta del mundo académico. ¡Quién lo diría! No aceptan que Trump se entreviste con Delcy, pues creen que “la entrevista ha debido ser con María Corina, pues es a ella a quien le corresponde”. La ven como la persona ungida por alguna fuerza sobrenatural, para llevar adelante sus reivindicaciones, que, de paso no son las de la nación venezolana. No quieren comprender que Delcy Rodríguez, aunque no les guste, es la jefe del Estado, reconocida además por la casi totalidad de los países del mundo. Les recuerdo, que la última vez que María Corina estuvo en la Casa Blanca, no ingresó por la puerta principal, sino lo hizo por la de los visitantes ordinarios. María Corina no es jefe de Estado, es una simple lideresa política.
Si se tratara de otro tipo de oposición, seria y analítica, incluso manteniendo su radicalismo, en lugar de aparecer como víctima de un desengaño y de quejarse de lo que pudo haber sido y no fue, estaría analizando las repercusiones políticas internas y externas, de la asistencia de Delcy Rodríguez a la ONU, de su entrevista con Donald Trump y de su discurso. Sus efectos en la estabilidad de su gobierno, en su respaldo interno, en sus acciones diplomáticas y en el éxito del proceso de recuperación nacional que lidera. Así mismo, evaluaría el impacto sobre el gobierno de Trump, sobre su política nacional y mundial y sobre los resultados de las elecciones parlamentarias de noviembre. Analizaría cómo han sido afectados los opositores venezolanos y cómo lo han sido ellos mismos. Pero eso, parece que es mucho pedirle a los mariacorinos.
La actividad política venezolana de hoy es de altísimo riesgo, por lo que entender la realidad es fundamental para el éxito de los proyectos. Una foto de Delcy con Trump puede legitimarla como gobernante ante el mundo occidental, pero pudiera ser contraproducente para sus antiguos aliados: Rusia, China e Irán, que sin embargo hoy están venidos a menos luego de la invasión del 3 de enero. Esa foto pudiera también estimular a los grupos chavecistas opuestos a la cúpula gobernante y a su relación con EEUU. Y para Trump y Rubio, esa foto puede acentuar la pérdida de apoyo entre los votantes hispanos, lo que ayudaría a que pierdan las elecciones de noviembre, que renuevan parcialmente el congreso de EEUU.
Otras preguntas surgirían: ¿Está Delcy interesada en acentuar la pérdida de apoyo de Trump y de Rubio entre los votantes hispanos? ¿Quiere ella que los republicanos pierdan esas elecciones? ¿Considera que su cercanía con Trump puede tener este efecto? Ella trabaja bajo amenaza militar gringa, lo que la hace no estar a gusto, pero al demostrar una unidad de acción con los gobernantes más poderosos del mundo, golpea internamente a las fuerzas opositoras extremas y las hace perder fortalezas y apoyos. Son este tipo de situaciones las que debería estar analizando la oposición, en lugar de rendirse ante el desengaño y tratar de falsificar lo ocurrido. Ah… Las dificultades de María Corina para regresar hay que achacárselas a Trump, único con el poder para lograr ese cometido, con sus gobiernos aliados.

