Especial.- En San Cristóbal, estado Táchira, Gabriel González vendía helados artesanales que su familia fabricaba desde hacía dos décadas. Hoy vende dulces secos. «Un helado necesita frío constante, y aquí la luz se va de repente», dice.
Su historia se repite en buena parte de Venezuela. En la mayoría del territorio nacional venezolano, a excepción de Caracas, los cortes eléctricos forman parte de la rutina diaria, sin horario fijo y con interrupciones que pueden superar las seis horas.
González, de 52 años, recuerda durante una entrevista exclusiva con Xinhua el momento en que decidió abandonar el negocio familiar. «Se nos derretía la producción antes de sacarla a la calle. Perdíamos la nevera llena. Así no se puede», relata.
«Uno no solo pierde el negocio, pierde la historia de la familia. Pero hay que comer», añade. Vendió las máquinas por lo que le ofrecieron y cambió de oficio.
En la misma ciudad, David Fernández, mecánico automotriz de 44 años, describe un deterioro acelerado en las últimas semanas. «Pasamos de un corte diario de cinco horas a hasta cuatro cortes de cuatro horas».
«Hay zonas del estado donde los cortes son de hasta doce horas. Doce horas sin luz. Imagínese eso», señala Fernández. Su taller depende de elevadores y compresores que no funcionan sin electricidad.
Como parte del plan de ahorro energético, se han establecido horarios especiales en la administración pública y se ha llamado a la población a hacer un uso racional de la electricidad.
Algunas instituciones públicas y su funcionariado han acortado su horario laboral a un máximo de tres jornadas por semana, con itinerario de un día libre de por medio.
El patrón se repite en otros estados. En Puerto Cabello, estado Carabobo, en el centro del país, Amanda Arcia da clases de yoga. «El calor es sofocante. ¿Cómo le pides a alguien que medite cuando está sudando a chorros?», se pregunta.
«Los cortes no tienen horario. No hay planificación. Uno no sabe si la clase de la tarde se va a poder dar, tampoco si se podrá impartir la de la mañana», explica Arcia, quien ha pensado en comprar una planta eléctrica, pero los precios están por las nubes.
«Una planta pequeña te cuesta como tres meses de lo que gano. Así no se puede vivir. Sin embargo, aquí sigo, tratando de salir adelante», agrega la profesora de yoga.
En Maracay, estado Aragua, también en el centro del país, Nicanor Gómez es herrero desde los 15 años. «Salgo con la esperanza de que haya luz, y a mitad del trabajo se va. No vuelve hasta quién sabe cuándo», relata.
Gómez, de 61 años, es paciente cardiológico. La caída de sus ingresos afecta directamente su tratamiento. «La angustia de no saber si voy a poder pagar los medicamentos me genera estrés», confiesa.
En San Carlos, estado Cojedes, Rosa María Henríquez confecciona uniformes escolares. Los cortes de seis y siete horas han puesto en riesgo la temporada más rentable de su año.
«He perdido clientes. No hay aviso, no hay horario. Uno no sabe si va a poder trabajar en la mañana, en la tarde o en la noche», dice Henríquez, de 47 años.
Cuando le cortan la luz, Henríquez se traslada a casa de su hermana, que también sufre interrupciones. El costo del traslado reduce su ganancia. «Si no produzco, no cobro. Y si no cobro, no como», resume.
El Gobierno atribuye la situación a las altas temperaturas y al fenómeno El Niño. La semana pasada, la demanda eléctrica alcanzó los 16.400 megavatios, la cifra más alta desde 2017.
Las autoridades han alertado sobre un fenómeno de El Niño más intenso en el último trimestre del año en curso y especialmente difícil durante el primer trimestre de 2027.
Venezuela depende de la generación hidroeléctrica del sur del país para cerca del 60 por ciento de su electricidad.
Sin embargo, los apagones no son un fenómeno nuevo en Venezuela. En marzo de 2019, Venezuela sufrió uno de los peores colapsos eléctricos de su historia, con un apagón nacional que se prolongó por varios días.
Ese episodio dejó sin servicio a casi todo el país, afectó hospitales, paralizó el transporte y obligó a racionamientos extremos.
En 2024 se registraron nuevos apagones masivos, especialmente en el centro y occidente del país.
El Gobierno informó hace semanas que prevé incorporar 600 megavatios en octubre con la recuperación de Planta Centro, en Carabobo.
Los testimonios coinciden en un punto: la falta de previsibilidad es tan gravosa como la falta de electricidad. «Seguimos aguantando», dice Rosa María Henríquez. «Es complejo lo que estamos viviendo». /Agencia Xinhua

