Toribio Azuaje /
***“La acción es la única facultad humana de hacer milagros”
Hannah Arendt…
Si rebuscamos en cualquier diccionario encontramos que la calma es un estado de tranquilidad, serenidad y ausencia de agitación, preocupación o alteración. Esto puede referirse tanto al estado emocional de una persona como a la quietud de un lugar, del mar, del ambiente o de la sociedad.
La calma define momentos en los cuales se solapan murmullos y bullicios que suelen acompañarnos en la vida.
Las tormentas pasan y la calma aparece de repente para adueñarse del ambiente; de igual manera, la calma desaparece cuando menos lo esperas, para dar paso a trifulcas y conflictos generados por las manos y la mente humana.
El mundo gira entre estos dos estados de conciencia que se acompañan mutuamente. Así que no te sorprendas cuando el silencio y la calma sean sustituidos de repente por momentos tumultuosos y de furia humana que se abre paso entre un silencio que comienza a dejarnos.
No debemos abusar de la calma. Cuando se satura el ambiente de injusticias, agresiones, precarización y carencia de respuestas, puede ocurrir cuando menos lo esperas, que muchedumbres agonizantes y adoloridas de traición salten a reclamar los espacios negados por la desidia y la inmoralidad.
La calma no significa ausencia de problemas, sino la capacidad de enfrentarlos sin perder la serenidad. Los problemas subyacen allí, a la espera de respuestas que si tardan mucho tiempo en llegar pueden ocasionar despertares sociales que sorprenden.
Hay un tufillo a cansancio en el ambiente. No aquél cansancio que reclama descanso, sino, un estado de cosas que aceleran la ebullición a altas temperaturas, que pueden trastocar lo existente en procura de los cambios necesarios; siendo que, estos cambios no suelen ser los mismos esperados por los centros de poder o por la población atormentada de una patria adolorida y triste.
La calma también tiene antónimos que asustan: Inquietud, Agitación, Nerviosismo, Ansiedad, Desasosiego, Turbulencia, Alteración, Excitación, Impaciencia, Angustia, Desorden y Violencia.
De tal forma que, la verdadera calma no consiste en que la vida deje de agitarse, sino en que nuestra conciencia aprenda a no agitarse con ella. Un poco para recordarlo, solo la inteligencia nos convierte en hombres, al punto de alcanzar el poder de cambiar los momentos por espacios mas humanos y habitables.
Suele existir silencios que aturden. toribioazuaje@gmail.com
Un abrazo, desde este maltratado pedazo de la tierra.

