‎Eres lo que haces

‎Conversaba con un amigo, sobre la satisfacción que se siente cuando se puede ayudar a alguien, pero que se hace mucho mayor cuando esa acción mana de tu corazón; dejando advertido, que no solo con dinero se ayuda a alguien, sino también, con una palabra o un abrazo a tiempo que trasmitan amor, consuelo o apoyo. Hay personas, que “hacen” solo cuando les conviene y hay otros, que solo hablan y nunca “hacen”. En las redes sociales, circulan diferentes imágenes, pensamientos o frases sobre los que “hacen”, y hay una muy viral que señala: «eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer», la cual es atribuida al psiquiatra suizo Carl Jung, de quien se dice que es el padre de la psicología analítica e influyente, en los campos de la psiquiatría, literatura, filosofía, la psicología y hasta los estudios religiosos, entre otros campos.
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‎Esta cita de Jung, es una invitación a reflexionar sobre la balanza en donde tasamos nuestras intenciones y nuestras acciones, lo cual define quiénes somos; pero hoy, cuando el mundo demanda mirar más allá de cualquier palabra, nos deleitaremos en nuestras Reflexiones en Familia, con una Palabra mucho más influyente y poderosa, y que inspirada por Dios en 1 Juan capítulo 3, versículo 18 de la versión Traducción en Lenguaje Actual, nos dice: «Hijos míos, no debemos limitarnos a decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos»
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‎Amados, en este turbulento mundo que hoy transitamos es muy común decir una cosa y hacer otra, aun sabiendo que somos incongruentes en eso; pero, en este versículo escrito por el apóstol Juan, se nos estimula a que nuestras acciones deben hablar más que nuestras palabras y muy puntualmente, a demostrar que esas acciones deben estar cargadas de amor y misericordia, tal como Jesús nos enseñó.
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‎Queridos hermanos y amigos, a lo que se refiere esta cita bíblica, no es sobre quien habla bien o más bonito, tampoco es sobre quien puede publicar en las redes sociales sus buenos deseos, ni tampoco es sobre sentir compasión a distancia; ya que, lo que aquí se nos exhorta es a demostrar ese amor que se vuelve visible cuando brota del corazón y que responde a una necesidad del prójimo.
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‎¡Que tu ayuda al prójimo sea causada por amor, no por conveniencia!
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‎En el capítulo 16 de Lucas, Jesús nos cuenta una parábola sobre un hombre muy rico que vivía con gran lujo y hacia banquetes a diario, pero que a las puertas de su casa siempre llegaba un hombre muy pobre llamado Lázaro, el cual solo deseaba comer, por lo menos, de las sobras que caían de la mesa del hombre rico. Este hombre rico, se comportaba de manera completamente indiferente a la situación de Lázaro, mostrando una falta de amor, amistad y caridad; y, un buen día ambos murieron y el hombre rico cuando ya estaba en el infierno, vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro sentado junto a él, entonces llamó a Abraham y le dijo que le ordenase a Lázaro que mojara la punta de su dedo en agua y le refrescara la lengua, pero Abraham le recordó que debemos prestar atención a las necesidades de los demás al momento de ser necesario, y teniendo siempre presente que lo que se “hace”, muestra la verdadera condición de nuestro corazón.
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‎¿Y tú, eres lo que haces?
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‎Hoy, te pido que me ayudes a multiplicar esta reflexión, clamando al Señor para que nos guie por el camino de la humildad, de la misericordia y el amor desinteresado hacia nuestro prójimo.
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‎«Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas» Mateo 22:37-40 (R-V1960)
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‎¡Bendiciones para todos!

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