Rafael Quiroz Serrano /
El ego y sus fantasías
Por todo esto, cuando Donald Trump (DT) dice, con deliberada provocación, frases altisonantes, como: “Las Reservas Estratégicas las vamos a reponer con petróleo venezolano”, “he hecho el mayor acuerdo petrolero de la historia”, “al vencedor pertenecen los despojos”, “quien gana se lleva el botín”, “la gente está feliz bailando en las calles” y “será el 51th Estado de los EE.UU.”, refiriéndose a Venezuela, lo hace con su olímpico ego encumbrado desde el norte del “YO”; pero también hace recordar a aquel individuo que a medianoche pasa silbando, o cantando suavemente, por el frente de un cementerio, para así disimular su propio miedo o temor a los muertos. Son frases pletóricas de fantasías, que lo único que persiguen es hacer ruido político para que terminen convirtiéndose en un monumento a la irracionalidad y a la demagogia, pero que sea permeable al electorado norteamericano donde DT tiene un fuerte rechazo en 46 de los 50 estados de la Unión. DT debe ser de esas extrañas personas que se reprochan no llegar a sentir más admiración y alegría por sí mismas. Cuando él habla como presidente de los EE.UU. pareciera pensar que desde Washington a ningún estadounidense ha otorgado Dios tan grandes dones como a él, y muy seguramente reflexionará, muy para sus adentros, preguntándose a sí mismo: “¿No debo yo sentirme glorioso por los dotes de Dios?”.
La política de DT no funciona por seguridad, funciona con una buena porción de xenofobia y por odio selectivo; y el odio más rentable siempre ha sido contra el que no puede defenderse, ni tiene a nadie quien lo defienda. Solo a los latinos los persigue como a criminales, no porque sean una amenaza nuclear, sino porque son las victimas que no pueden responder ni con misiles ni sanciones. Y habla de Venezuela, como si se tratase de un basurero municipal lleno de petróleo, donde él puede disponer de la “basura” como bien le parezca, y cae en una narrativa engañosa sobre todo cuando habla de “un acuerdo a 25 o 100 años” de concesiones. Ni siquiera en los años de la dictadura de J.V. Gómez, cuando se otorgaban concesiones por doquier en lo que Rómulo Betancourt llamó “La danza de las concesiones”, se llegaron a otorgar por 100 años contratos de explotación petrolera. Y de esta forma, e impulsado por su psicopatía y cleptocracia de Estado voraz e inescrupulosa, hace promesas (electorales) sin ningún fundamento serio, como es la de que EE.UU. llenará sus reservas estratégicas con petróleo venezolano, “Es un regalo de Venezuela al pueblo de Estados Unidos”; y además de todo es provocador.
La capacidad de reservas estratégicas de los EE.UU. es de 835 millones de barriles (MMB) y en estos momentos escasamente llega a 225 MMB, por lo que existe un déficit de 610 MMB; y ello es debido a que en los últimos cuatro años EE.UU. ha tenido que drenar barriles al mercado para así fortalecer la oferta y procurar bajar el precio de realización, o venta, del petróleo. Y aun así, ello ha tenido muy poca efectividad, pues los precios de mercado se han mantenido con tendencia hacia arriba, fluctuando alrededor de los 100 dólares el barril (U$B). Hay agencias, y analistas internacionales, que estiman que el precio del petróleo de tres dígitos llegó para quedarse. Es bueno aclarar que las Reservas Estratégicas, de las cuales venimos hablando, nada tienen que ver con las Reservas Probadas, ni con las “Probables”, ni mucho menos con las Hipotéticas o Imaginarias.
La “Vía Dolorosa” o el “impeachment”
El hecho cierto es que DT tiene un problema interno con el pueblo estadounidense que no se resuelve ni con discursos ni con frases ruidosas para público de galería, y que concluirá el martes 3 de noviembre en las elecciones parlamentarias de Mitad de Período, que según las últimas encuestas realizadas en el país del norte, y a saber de algunos analistas politólogos de EE.UU., los resultados serán favorables para los demócratas y los republicanos saldrán derrotados. Allí empezará “La vía dolorosa” para el narcisista maligno que habita La Casa Blanca, y cuidado si su Calvario no termina en un “impeachment”, algo así como el “Gólgota” de su carrera política. A partir de los resultados electorales que arrojen tales escrutinios, es cuando se inicie su “lloro y crujir de dientes”, para decirlo apocalípticamente, y es cuando sabremos la esencia del mega Acuerdo Petrolero, y qué es lo que hay ciertamente detrás de tanta opacidad petrolera y “precariedad legal”, tal como lo afirman los académicos en su comunicado.
EE.UU sin empresas petroleras públicas
Es oportuno subrayar que los EE.UU., como Estado propiamente, no posee ninguna empresa petrolera pública que produzca ni siquiera un solo litro de crudo; pues en ese país todas las empresas de hidrocarburos son privadas, por lo que el Estado no está en condiciones de garantizar inversión alguna, ni ningún aumento de producción de crudos en ningún país, ni en ninguna parte del mundo; mucho menos tasas mínimas de rentabilidad corporativa.
En EE.UU. cada empresa petrolera juega a sus propios y particulares intereses que no son otros que las meras tasas agigantadas de ganancias, y nada tienen que ver con los intereses del país y del gobierno; por esto, no están obligadas a obedecer ninguna directriz que venga de La Casa Blanca. Esto quedó en evidencia cuando ninguna de las 18 grandes transnacionales petroleras que DT reunió en su residencia gubernamental de Washington durante la primera semana de febrero, ha invertido ni un solo dólar en la industria petrolera venezolana; a pesar de todas las ventajas que se les ofrece con la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos.
Menos aún si quieren llevarlos en forma compulsiva a acuerdos petroleros bilaterales sin sustento alguno, con novatas empresas sin experiencia ni capital, pero sí con ciertos riesgos al invertir 65.000 millones de dólares (MMMU$) en 17 campos. Nunca, ninguna de las antiguas “Siete Hermanas” recibieron órdenes del huésped de La Casa Blanca, ni de dónde y cuándo invertir. A las grandes transnacionales del petróleo, aquellas serias y con fuerte músculo financiero, no les convence tanta quimera, o espejismo, alimentado por las locuras de un narcisista patológico vendedor insolvente de inmuebles de la 5ta. Avenida de Nueva York. Tanta ficción, por no decir locura, tuvo que haber levantado en ellos una sombra de sospecha y suspicacia.
¿Por qué China y Rusia no invirtieron durante 27 años?
Valdría la pena preguntarse cómo es que China y Rusia, que sí tienen empresas petroleras públicas (del Estado) con vasta experiencia y con buen músculo financiero para tamañas inversiones, no lo hicieron durante los largos 27 años de la era chavista. Levanta cierta suspicacia, por no decir sospecha, el saber que el presidente Xi JinPing y Vladimir Putín no les haya llamado la atención tan “atractivo”, “apetecible” y “ventajoso” negocio de concesiones petroleras a 25 (y 100) años como fantasiosamente lo pinta DT. Tanto chinos como rusos conocen de petróleo, y saben de la importancia vital de esta materia prima para el mundo industrializado, y que su “reinado” de consumo mundial se alarga por muchas décadas más, por encima de las energías alternas o renovables, que aún no terminan de convencer en sus ventajas y bondades.
Ellos saben que la era del petróleo se niega a morir y que de la matriz energética los fósiles (petróleo, carbón y gas) siguen aportando más del 84% del consumo mundial. El petróleo, le guste a quien le guste, seguirá siendo el común denominador del mundo energético, mientras que la energía es -y seguirá siendo- el común denominador de la economía mundial. También, tanto chinos como rusos saben que las reservas de la faja fueron abusivamente infladas por Chávez, para hacer creer a incautos que Venezuela era el “ombligo”, o el centro principal, de todos los reservorios petroleros del mundo. Ya lo decía el distinguido Francisco Monaldi (IESA): “Chávez infló las reservas”; mientras que Evannán Romero al referirse al mismo tema afirmó: “Todos saben que Hugo Chávez hizo esa trampa” y más adelante añadió: “Chávez se auto certificó” (al adulterar los números) y “se burló del mundo civilizado. Eso es trampa y eso es fraude” (entrevista televisiva con el periodista Casto Ocando). Apreciación similar tiene un ingeniero petrolero respetado, de gran trayectoria en la industria petrolera nacional y por todos conocido, como lo es Gustavo Coronel, quien con claridad afirma: “Es decir, duplicaron por decreto el factor de recobro del petróleo en la faja, sin tener los datos de yacimientos que sustentaran tal afirmación. El fraude fue llevado a cabo de la misma manera como se hicieron tantos desaguisados en la Venezuela chavista, a los trancazos, a lo macho, contando con que la ignorancia sobre el tema cubriría lo absurdo del acto. Y así fue. Hoy en día todo el mundo acepta que Venezuela tiene las reservas probadas más grandes del mundo y nadie chista.” (entrevista en el semanario La Razón, 18 al 24 de octubre de 2026; “Reservas petroleras no han sido probadas”). Se tienen grandes reservas, pero no es cierto que sean las más grandes del mundo, como repiten muchos venezolanos sin sustentación alguna, extrañamente incluyendo un economista-petrolero ya adentrado en edad. Los venezolanos siempre hemos tenido la tendencia a magnificar todo lo referente al petróleo (y otros temas más) y su industria. El exministro Rafael Ramírez miente cuando contradice a La Razón, que sí tiene la razón.
La transición política
No es fácil, no es fácil para las empresas transnacionales. Mientras que los inversionistas no perciban que la transición política es una realidad, y eso hasta ahora no es perceptible a la luz de las circunstancias políticas del país, y mientras que no se hable con sinceridad y transparencia numérica acerca de la cantidad de reservas probadas que tiene el país. Un simple ejemplo, es que la apuesta petrolera de ExxonMobil sobre 4 campos de crudo extra pesado en la Faja del Orinoco (Bloque Carabobo) lo hace con cautela extrema, poniendo por delante lo que aun PDVSA le adeuda desde 2007, cuando le expropiaron indebidamente (sin indexación), y ese monto se ubica sobre los 6.700 MMU$, que la transnacional petrolera espera cobrar antes de invertir.
Es más, desde los mismos jardines de La Casa Blanca, el propio CEO de la ExxonMobil, Darren Woods, afirmó con claridad meridiana: “Actualmente es inviable (Venezuela) para invertir a largo plazo”. Lo que sí se puede tener como seguro es que las petroleras grandes no van a invertir ni un dólar con ilegalidad; por eso, empresas como la ExxonMobil, ConocoPhilips, Shell, BP, Equinor, Total, etc… siguen escépticas y temerosas de volver al país que aún les adeuda cantidades considerables desde años postreros, cuando Venezuela era gobernada por locos que manejaban el país a porrazo limpio, a tronca y mocha, la era chavista. Ellas aprendieron la lección y no volverán mientras que haya ilegalidad, poca transparencia y los contratos o concesiones se hagan fuera del marco de la Ley.
¿Cómo queda la Constitución?
Y qué decir cuando este faraónico Acuerdo propuesto por DT se pretende llevar a cabo a la luz de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (Mar. 2000) y viola flagrantemente seis de los artículos de la Carta Magna (11, 12, 138, 302, 303 y 311), referidos -nada más y nada menos- que a “la soberanía plena de la República (…) del subsuelo de todo el territorio nacional”; también a la pertenencia de los yacimientos mineros y de hidrocarburos los cuales son “inalienables e imprescriptibles”; igualmente al señalar que “El Estado se reserva (…) la actividad petrolera…” y, finalmente, “Por razones de soberanía económica, política y de estrategia nacional, el Estado conservará la totalidad de las acciones de Petróleos de Venezuela S.A.”. Y como si acaso le faltara la guinda a la torta, aparece el artículo 138 diciendo: “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”. Aquí ya se estaría pisando un campo minado y peligroso a la vez, pues cualquier abogadito de Seboruco o Lobatera (Táchira.) podría ocurrírsele introducir un Recurso de Nulidad, o amparo, ante el nuevo Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), contra ese Acuerdo macro de DT (así sea “El mejor contrato petrolero del mundo”), y dado que se estaría ante un nuevo TSJ profesional, imparcial, serio, eficiente y competente, no sería extraño que tal recurso de nulidad contra el Acuerdo, se le dé admisión y procedencia debida. Apelaciones, demandas, recursos, anulaciones y denuncias, surgirán como hongos después de la lluvia.
Este es el temor verdadero que tienen las grandes transnacionales petroleras y que nadie les puede despejar, máxime cuando todos los días se dice que este es un gobierno ilegítimo de origen, usurpador, inconstitucional, irregular y pare usted de contar. Para el capital petrolero transnacional, por donde quiera que se vea Catalina (Venezuela.) es tuerta. Todo este “escándalo” del Acuerdo Petrolero, con reservas dudosas y pactos no escritos, que forma parte del estilo comunicativo de DT, dará un giro de ciento ochenta grados (180°) apenas pasen las elecciones de Mitad de Período del 3 de noviembre, y las aguas volverán a su nivel, despejadas ya del ruido político y de la propaganda “electoral” que le imprimió un manipulador mediático que se cree el dueño de todo el reservorio petrolero del mundo.

