No rechaces a tu hermana

¡Oiga amiga, con ese pantalón no puedes entrar en esta Iglesia! Esas palabras impactaron la vida de una joven mujer, que afligida por su día a día, sintió el rechazo de quien recibía a la puerta de una Iglesia a los asistentes. La joven en cuestión, tenía en su vientre el fruto de una relación fugaz, producto de su inmadurez y el libertinaje que vivía; pero que, en medio de su tribulación, necesitaba una palabra que le ayudara a enfrentar ese problema con sus padres.

Ella, andaba urgida de alguien que le diera aliento o por lo menos la escuchara, no de quien le rechazara. Pasaron los días, la joven volvió a presentarse a la puerta de la Iglesia, y un anciano que allí estaba y dándose cuenta del rechazo, le dijo al anfitrión: ¡No rechaces a tu hermana!

Hoy, en nuestras Reflexiones en Familia, compartiremos una poderosa porción de La Palabra inspirada por Dios, que en Lucas capítulo 10, versículo 16 de la Nueva Versión Internacional, dice: «El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió»

Amados, la palabra escuchar significa oír con la intención de obedecer y rechazar, es la acción de rehusarse a aceptar o considerar a una persona o cosa a la que no se quiere o aprueba; a todo esto, le agregamos que sentirse rechazado es una de las acciones que más marca a cualquier ser humano en lo social, lo emocional y hasta espiritualmente, pero sentirse escuchado puede desactivar dudas y activar esperanzas.

En la Biblia, encontramos muchas historias de personajes que fueron rechazados; pero, el ejemplo más grande es el de Jesús, que fue rechazado por su propio pueblo y muchos no le escucharon, pero Dios lo usó para salvar al mundo. En el capítulo 7 de Juan. versículo 5, se nos dice: «Porque ni aun sus hermanos creían en él»

Igualmente nos conseguimos en la Biblia, la historia de Ana, mujer que por ser infecunda sufrió constantes burlas de Penina; pero su historia nos enseña, que el rechazo del mundo no limita las bendiciones de Dios. Ella en su zozobra, oró fervientemente, y Dios respondió dándole un hijo, quien luego se convirtió en profeta. También José, cuya colorida túnica despertó la envidia de sus hermanos, fue rechazado por ellos, hasta el punto de ser vendido como esclavo.

¡Pareciera que hoy, es más fácil rechazar a alguien que ayudarle!

Querido hermano, hoy El Señor demanda de ti y de mí, que no rechacemos a quien toque a nuestra puerta buscando ayuda, que le escuchemos y que podamos ser ese instrumento útil en manos de Él. Querido amigo, si te han rechazado, ven a Jesús; nadie está más anhelante por escucharte y recibirte con los brazos abiertos, que Él.

Amados, la necesidad de Cristo de toda persona no se mide por su vestimenta ni su apariencia exterior, por ello es importante entender que toda persona merece ser tratada como amor y con respeto; y, si esta reflexión tocó tu corazón, te animo a compartirla ya que alguien puede estar necesitado de ella.

«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» Apocalipsis 3:20

¡Bendiciones para todos!

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