CARACAS.- Decenas de refugios y centros de acopio se han abierto en Caracas, la capital venezolana, para brindar apoyo a las víctimas de los fuertes sismos registrados el pasado miércoles. En estos espacios, un gran número de voluntarios canalizan la solidaridad y acompañan a los afectados en medio de la emergencia.
Entre ellos está Rocío Mejías, una joven voluntaria que señala que salir ilesa del terremoto le dio fuerzas para brindar apoyo a los más necesitados. Aquel miércoles ella se encontraba caminando por el céntrico sector caraqueño de La Candelaria.
«Salí ilesa a pesar de todos los riesgos en que me vi inmersa como fue el desplome de la terraza de un edificio ubicado en una de las esquinas entre Bellas Artes y La Candelaria», comenta Mejías a Xinhua.
Para ella, superar ese momento se convirtió en un impulso para sumarse a las labores de atención.
«El haber superado eso, es lo que me da hoy fuerzas para ser voluntaria en cualquiera de los espacios donde estén las víctimas, tanto damnificados como personas que requieran apoyo por no tener familia, entonces presto mi mano amiga porque lo superé», afirma emocionada.
Mejías decidió unirse a un grupo de profesionales que forman un equipo multidisciplinario para atender a las personas que han sido refugiadas en la sede del Instituto Postal Telegráfico de Venezuela (Ipostel), la principal empresa pública de correos.
La joven destaca la respuesta colectiva ante una situación inédita para muchos venezolanos.
Estamos respondiendo ante un fenómeno natural que nunca habíamos vivido y para el cual no estábamos preparados. Lo que vemos es una mezcla entre respuesta emocional y compromiso con quien más lo necesita, señala.
En Ipostel también abundan otras historias de solidaridad, como la de Jenny Oropeza, quien tras comprobar que sus hijas estaban a salvo, decidió acudir inmediatamente a prestar apoyo.
A Oropeza, el terremoto la encontró en la Plaza Capuchinos. «Estábamos en la misa de San Juan y para nosotros ese fue un momento bastante desesperante», dijo a Xinhua.
«A mí me dio por hacer como una fortaleza, nos abrazamos todos unos con los otros. Cuando pasó el primer temblor nos separamos y en ese momento vino el segundo, vimos la cruz de la Iglesia de Capuchinos caer», relata Oropeza.
A pesar de trabajar en la dirección de un fondo editorial, Oropeza decidió dedicar su tiempo al voluntariado para apoyar a quienes más lo necesitaban.
«Cuando escuché que Ipostel en Caracas estaba funcionando como centro de acopio, dije allí voy a estar yo», comenta.
«Estaré de voluntaria todo el tiempo que sea necesario», manifiesta Oropeza con convicción. Además, sus ojos se iluminan al contar que parte de su labor es leer cuentos infantiles a los niños alojados en el refugio.
Oropeza se manifiesta también orgullosa de la respuesta del pueblo venezolano y es enfática al decir: «yo sí creo en mi país, creo en mi pueblo, creo en Venezuela».
Otro de los profesionales que se unió a trabajar con las familias refugiadas en Ipostel, es el antropólogo José Luis Alcalá, cuya vocación solidaria se activó desde el mismo momento de los sismos.
Habitante del sector Ciudad Tiuna, al suroeste de Caracas, Alcalá explicó a Xinhua que recibir la notificación de sismo por parte de Google le dio unos cuatro o cinco segundos de oportunidad para buscar a sus hijos y salir junto con su pareja del edificio donde residen.
«A partir de allí estuvimos un tiempo coordinando a los vecinos para que se fueran a las canchas de fútbol, que hay unas zonas más abiertas para que no estuvieran debajo de los edificios», añade Alcalá.
Una vez confirmó que sus familiares estaban fuera de peligro, incluida su madre residente en Los Palos Grandes, uno de los sectores más afectados del este de Caracas, decidió incorporarse a las tareas de apoyo voluntario.
«Libre de mis compromisos con mis familiares cercanos, tomé la decisión de hacer los enlaces con el Concejo Municipal para dedicarme aquí a ser apoyo logístico como científico social», relata Alcalá.
El antropólogo detalla que para la atención en el centro de refugio se conformó una mesa multidisciplinaria de científicos sociales encargada de levantar un censo y organizar la atención a una población damnificada que ronda las 1.500 personas.
Carlos Conde, uno de los responsables de la organización del refugio y centro de acopio, explica que en el lugar se encuentran familias caraqueñas cuyas casas fueron severamente afectadas por los sismos y también personas provenientes del estado La Guaira, la región más golpeada por la tragedia.
«Acá tenemos hasta el momento 1.545 personas que están siendo atendidas, incluyendo algunas que solamente pernoctan en las noches porque tienen temor de volver a sus hogares», aseguró a Xinhua.
Conde celebra las acciones de organización popular que han permitido dar respuesta a las diversas necesidades y suelta una frase que sintetiza su visión del valor del pueblo venezolano.
«Cuando el dolor es colectivo no hay palabras, la mejor manera de expresarse con suficiente elocuencia es a través de la acción material práctica, de la solidaridad y del amor», concluye. /Agencia Xinhua


