El Papa insta a 700.000 fieles reunidos en París a combatir la «sequedad espiritual»

París.-
Unos 700.000 fieles acudieron en masa a la misa oficiada por León XIV en la Plaza de la Concorde de París, en la concentración más masiva que se recuerda desde el mítico concierto de Jean Michel Jarre en 1979 que reunió a un millón de seguidores. Cientos de autobuses venidos de Bretaña, Normandía, Borgoña y de todos los lugares de Francia convergieron junto a los Campos Elíseos desde horas antes de la aparición del pontífice, aclamado a su paso con el papamóvil a los gritos de «Leo, Leo» y asistido por más de 400 jóvenes como «voluntarios del altar».

Mil coristas participaron cantando el himno de la «Gloria» que abrió la liturgia, impartida por León XIV en francés a los pies del obelisco y seguida por los fieles en medio centenar de pantallas gigantes. Más de 15.000 voluntarios colaboraron en la organización de la insólita ceremonia, con 2.500 puestos para la comunión y una tonelada de hostias consagradas horneadas para la ocasión.

«Francia sigue siendo la hija mayor de la Iglesia y lo estamos demostrando en un día como hoy», declaró sobre la marcha Antoine Roux, de 19 años, portando el estandarte de la FRAT (la Fraternal), la asociación de jóvenes «peregrinos» que avanzaron en tropel hacia el Arco del Triunfo horas antes del inicio de la multitudinaria misa a las tres de la tarde.

«Nuestros padres abandonaron su religión, pero nosotros la hemos redescubierto y nadie nos va a callar: queremos hacer mucho ruido», proclamaba a su lado Valentine Dupreu, de 17 años, que la noche anterior estuvo aclamando al Papa entre 80.000 fieles en el encuentro con la juventud en el Estadio de Francia.

Con su jersey amarillo donde podía leerse «Para que el mundo tenga vida», el voluntario Gabriel Muller, llegado desde Alsacia, vaticinaba un antes y un después de la visita de León XIV a Francia: «Las cosas están cambiando, no son solo los jóvenes quienes están abriendo los ojos. Yo diría que estamos asistiendo a un ‘revival’ de lo católico y la vuelta a unos valores que nunca debimos perder».

El Papa, que en su primer día en París arremetió contra los líderes mundiales, alertó contra los riesgos de la IA y condenó la muerte asistida, prefirió dejar de lado la política y confirió un tono pastoral a su homilía, haciéndose eco de las palabras del Evangelio: «Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba».

«Hablo de la sed más profunda y existencial del ser humano», advirtió. «No se trata tanto de una sed material como de una sed de sentido, de verdad y de plenitud que habita en el corazón de cada persona». Leyendo parsimoniosamente en francés, con la mirada proyectada ocasionalmente en el río humano de los Campos Elíseos, el pontífice instó a los fieles «a llevar la esperanza allí donde reinan el desaliento y la sequedad espiritual».

«¡Que el agua viva del Espíritu Santo se derrame sobre Francia», agregó el León XIV en un mensaje dirigido especialmente a la muchachada católica. «Queridos jóvenes, ustedes son la Iglesia hoy. Es hermoso ver vuestro entusiasmo, vuestro compromiso y vuestra alegría en el seno de las comunidades».

El Papa agradeció también la labor de «las familias que perseveran en su misión a pesar de las dificultades» y tuvo por último unas palabras de agradecimiento «para los catecúmenos y neófitos que emprenden el camino de la fe y de la conversión de la iniciación cristiana».

El Papa, que el sábado partió hacia Lourdes en la siguiente parada de su viaje apostólico, arrancó su última e intensa jornada en París con una visita a un centro de integración para inmigrantes, la Casa de Josefina Bakhita (en honor a la santa sudanesa). León XIV escuchó allí, entre otros, los testimonios de un refugiado afgano que huyó de la guerra y de una nigeriana que escapó de una red de prostitución.

«Santa Bakhita nos invita a ver a los que son invisibles, a los que están esclavizados por la economía y la cultura de hoy», a honrar la dignidad infinita de cada hermano y hermana», recordó el pontífice, que se refirió de paso «al papel de las mujeres en la construcción de una civilización del amor!».

De allí se marchó el Papa al Instituto Católico de París y recitó un Padre Nuestro en francés en su encuentro con la curia local y con seglares como Jawad, Marielle y Sophie, que relataron cómo han descubierto de adultos la fe católica.
«Estoy sorprendido por el número de personas que acuden hoy al umbral de la fe y por los muchos adultos que están pidiendo los sacramentos de iniciación a la fe cristiana», advirtió León XIV, que se felicitó por los 10.000 adultos bautizados en Francia en el 2025 (el doble que hace cinco años).

«Redescubrimiento del Evangelio»

«Puede parecer paradójico este fenómeno de gente de redescubre el Evangelio en medio de una cultura fuertemente secularizada», recalcó el Papa, sin necesidad de recordar que apenas la mitad de los franceses se reconocen hoy por hoy como católicos y que el número de «practicantes» de misa dominical es de apenas del 5%. El número de sacerdotes se ha reducido entre tanto dos tercios (de 25.000 a 9.000) desde 1990.

El «laicismo» se ha convertido precisamente en la patata caliente de la visita del Papa, marcada por la ausencia de Emmanuel Macron en la misa de la Plaza de la Concorde, cuestionada por la mitad de los franceses. «Sinceramente, muchos no entendemos la decisión del presidente», declaró Vivienne Meunier, de 52 años, venida de Nantes. «Es una falta del respeto para el Papa y para millones de creyentes. Los católicos estamos orgullosos de practicar nuestra fe y no nos queremos esconder: lo que necesitamos es precisamente una mayor presencia en los espacios públicos».

El «plantón» de Macron, representado por su mujer Brigitte y por el primer ministro Sebástien Lecornu, dio una inusitada dimensión política al acto, con la presencia destacada como contrapunto de la líder de extrema derecha Marine Le Pen, favorita para las presidenciales del 2027, y de su delfín Jordan Bardella. «El general De Gaulle asistía a las misas y nadie se rasgaba las vestiduras», recordó el diputado de Agrupación Nacional Juan-Philippe Tanguy.

El candidato de Los Republicanos, Bruno Retailleau, acudió a las misa papal, al igual que los candidatos de centro Gabriel Attal y Édouard Philippe. El secretario general del Partido Socialista Oliver Faure declinó su presencia, al igual que la candidata de Los Ecologistas Marine Tondelier. /elmundo.es

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