‎La última palabra

‎Hace un tiempo atrás, un amigo me comenta que debían realizarle una cirugía ocular ya que tenía cataratas, y esto ameritaba que le colocaran un lente intraocular. Me cuenta, que sintió angustia y desánimo cuando al momento de pedir el coste de la operación, le dicen que debía pagar 1200 dólares.

‎‎Por no tener trabajo fijo, sabía que le resultaría cuesta arriba conseguir ese dinero. Su mamá, sacó a relucir sus dotes de buena cocinera e hizo algunas ventas de dulces y hallacas, pero lograron reunir muy poco; entonces, una noche decide contarle a Dios sobre su necesidad y en medio de esa intimidad con el Señor, siente un quebranto y le dice al Padre Eterno que quiere servirle, que ya no importaban los planes que estaba intentando y que, de haber una oportunidad para operarse, que fuese Dios quien le ayudara a canalizar todo, porque solo Él tenía la última palabra.

‎En nuestras Reflexiones en Familia de hoy, compartiremos una porción de la Palabra inspirada por Dios, que en Proverbios capítulo 16, versículo 9 de la Nueva Traducción Viviente, dice: «Podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina nuestros pasos»

‎Amados, si tienes una maleta cargada de planes y sueños, dile a Jesús que te ayude con ella, coloca en las manos del Señor todo y espera en Él tal como el amigo que inspira esta reflexión, el cual entendió a tiempo que en el Señor debe estar confiada nuestra espera; y que, no solo por vender dulces, hallacas y otras cosas el Señor le premió, sino que, al cumplir su compromiso de servirle a Dios, se activaron las bendiciones del Padre Eterno en su vida y pudo lograr operarse.

‎Queridos amigos y hermanos, tal como detalla el Proverbio 16, tu puedes tener todos los planes y proyectos del mundo, pero siempre el Señor va a tener la última palabra. Nuestro amigo, en medio de su proceso ofreció servirle a Dios; y el Señor que, si es fiel y bueno, decidió bendecirlo y es por eso que hay que ser diligente y responsable, con y como lo que nos comprometemos con Dios.

‎Muchos, pensamos que Su Voluntad puede ser torcida o manipulada a nuestro favor, no importando si estamos “morosos” con lo que acordamos en pagar; otros tantos, creemos que el tiempo de Dios resulta incorrecto, sin darnos cuenta que eso ocurre para quienes somos impacientes y no sabemos esperar en el Señor; pero si solo alzamos la mirada a nuestro alrededor, nos podemos dar cuenta que sólo Dios puede hacer que la respuesta llegue, y que Su gracia y Su misericordia son las que nos sostienen.

‎Amados, hay cosas que prometemos porque pensamos que Él va a decir la última palabra de una vez y de paso a nuestro favor, no dándonos cuenta que puede ser perjudicial para nosotros mismos; tal y como le sucedió a Jefté, conocido por ser uno de los jueces de Israel que, además se levantó contra los amonitas tal como relata el Libro de Jueces, convirtiéndose en el comandante de las fuerzas de Galaad y que antes de entrar en batalla, prometió que si Dios le concedía la victoria sobre los amonitas, sacrificaría lo primero que saliera de su casa para recibirlo a su regreso.

‎La Biblia relata, que Dios le concedió la victoria y él regresó a casa triunfante, pero para su abatimiento, la primera en salir a recibirlo fue su única hija. Jefté, tuvo que enfrentar las trágicas consecuencias de su compromiso; pero hoy, su historia nos debe servir como advertencia sobre nuestras decisiones, nuestros compromisos y el impacto que pudieran causar.

‎«Cuando hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple tus promesas: es mejor no hacer promesas que hacerlas y no cumplirlas». Eclesiastés 5:4-5 (NVI)

‎Amados, multipliquen esta reflexión ya que alguien pudiera estar necesitándola, dando por hecho que es para la gloria y honra de nuestro Señor Jesucristo.

‎¡Bendiciones para todos!

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