Luis Fuenmayor Toro /
• Los medicamentos son productos del trabajo humano, satisfacen necesidades de la gente y están destinados al mercado, pues quienes los producen no lo hacen para su propio consumo, sino para venderlos y generar ganancias con esas ventas.
• Los medicamentos, entonces, son mercancías, pero son unas mercancías particulares, pues su demanda no es libre, como la que ocurre con la generalidad de las mercancías. Se trata de una demanda inducida. Es el médico quien le dice a su paciente cuál es el fármaco que debe comprar, cuánto debe usar, cómo debe hacerlo y por cuánto tiempo. Es una demanda casi obligada.
• La producción de medicamentos las realiza unas empresas particulares que son los laboratorios farmacéuticos. Estos, en general, están interesados en que los medicamentos que producen se vendan al mayor precio posible, pues mientras más elevado sea el precio de venta, mayores serán sus ganancias.
• Las fórmulas medicamentosas que se expenden en el mercado no contienen sólo el fármaco o principio activo responsable de la acción farmacológica y terapéutica de la preparación. Éste está acompañado de otras varias sustancias, que le garantizan estar en las mejores condiciones, para actuar favorablemente.
• Los costos de producción del principio activo incorporan todos los gastos ocurridos desde su descubrimiento: los estudios físico químicos necesarios, las investigaciones farmacológicas de todos sus efectos positivos y adversos, la forma en que se absorbe o ingresa al organismo, se distribuye en el mismo, ejerce sus acciones terapéuticas y es luego metabolizado y eliminado; así como las interacciones con otros medicamentos. Cuando el principio activo se vende en el mercado, ya su precio ha incorporado todos estos costos.
• Cuando un laboratorio productor de medicamentos monopoliza la venta de un fármaco, es decir, cuando no existe ningún otro vendedor del mismo en el mercado, esté se venderá a precio de monopolio, que será aquel precio que genere la máxima ganancia.
• La industria farmacéutica está entre las primeras del mundo en inversiones de capital, en el valor total de su producción y en las ganancias generadas por sus ventas.
• Los medicamentos son compuestos muy importantes para toda sociedad, pues son fundamentales para garantizar la salud de la población, su mantenimiento y su recuperación, cuando alguna contingencia hace que se pierda.
• Al ser vitales para la salud de la gente, los medicamentos se transforman en bienes indispensables para la sociedad contemporánea, por lo que el Estado está en la obligación de garantizar su existencia en el mercado, con una calidad que asegure su efectividad terapéutica y su carácter inocuo, y en cantidad suficiente para satisfacer las demandas de la población.
• No basta, sin embargo, que los medicamentos estén disponibles en el mercado, si el acceso a los mismos está limitado por tener precios muy elevados, que hagan imposible que las personas pobres, que son la inmensa mayoría en muchos países, entre ellos el nuestro, no puedan adquirirlos.
• La necesidad de garantizar el acceso de la población a fármacos de calidad es una responsabilidad de los estados, por lo que deben tener organismos de salud, que se ocupen de garantizar la calidad e inocuidad de los medicamentos, y también disponer de organismos técnicos, que estudien el costo real de los medicamentos, de manera de evitar la gran especulación que ocurre usualmente con éstos.
• En Venezuela, si un medicamento tiene la aprobación de los organismos responsables del ministerio de salud, se lo supone apto para estar en el mercado.
• Los organismos de salud, que se encargan de la aprobación y el control de los medicamentos existentes en el mercado, deben estar integrados por profesionales con amplios conocimientos de la materia, que no deben tener ninguna relación financiera, familiar, comercial o de otro tipo, con los laboratorios productores de medicamentos, que están bajo su supervisión.
• Los delitos, bien sea de particulares, empresarios o funcionarios de gobierno, que se generen en el proceso de aprobación o certificación de fármacos o que impidan de alguna manera la accesibilidad a los mismos por parte de la población, deben ser tratados como delitos graves contra la humanidad.
Píldoras farmacéuticas

