La «hostilidad» marca la contienda electoral en Venezuela

Caracas.- El oficialismo y la oposición se culpan el uno al otro de la crisis en Venezuela, mientras se preparan para las presidenciales del 28 de julio, en una contienda electoral marcada, según expertos, por la hostilidad, un tono que prevén se agudice durante la campaña, que empezó este jueves y finaliza el día 25.

En los últimos meses, vallas con mensajes contra la oposición mayoritaria aparecieron en varias zonas del país, especialmente en Caracas, en cuya principal autopista, un cartel de grandes dimensiones dice que una «sanción» de Estados Unidos impuesta en «junio (de) 2017» -sin especificar cuál- «bloquea fondos» e impide «importar insulina».

En una zona distinta, otra dice que una «sanción» en «diciembre» de ese año «bloquea (el) transporte de combustible». Ambas medidas, rezan las vallas, fueron solicitadas «por la oposición» a EE.UU.

El politólogo Pablo Quintero dijo a EFE que estos señalamientos buscan «mermar la credibilidad» de opositores y «generar dudas» en la población con «un impacto negativo» en «la movilización del voto y en la percepción» del antichavismo.

Es, prosiguió, una estrategia para «fortalecer el relato desde el Gobierno» de que «los únicos responsables de la crisis» son los antichavistas, entre ellos la líder del mayor bloque opositor -la Plataforma Unitaria Democrática (PUD)-, María Corina Machado, quien aparece, junto a Juan Guaidó y Leopoldo López, en vallas de diversos puntos del país.

Los carteles, que coronan los rostros opositores con la frase «el tren de las sanciones», señalan: «Ellos buscaron las sanciones del país. No podrán con nosotros».

Pero, según Quintero, estas medidas «agudizaron» la crisis, pero «no son las responsables» del origen, sino «la mala toma de decisiones en el tema económico», que dio lugar a una trama de corrupción protagonizada por altos funcionarios y afines, que obtuvieron sumas de dinero que se cuentan por millones de dólares, que el presidente y candidato Nicolás Maduro no menciona en su campaña.

La contraparte

Para el politólogo Andrés Eloy Méndez, «la derecha» basa «su planteamiento en la animadversión al Gobierno» de Maduro, quien busca un tercer mandato, y al gobernante Partido Socialista Unido (PSUV), lo que -insiste- «ha caracterizado» la precampaña del antichavismo.

El también diputado oficialista dijo a EFE que ve «preocupante» que los candidatos Edmundo González Urrutia -abanderado de la PUD- y Enrique Márquez no suscribieran un reciente acuerdo para mantener un «clima de respeto, paz y participación democrática» y respetar el resultado de los comicios.

En su opinión, «pareciera repetirse la estrategia del desconocimiento de las instituciones y del resultado, y de tratar de generar violencia», por lo que -agregó- el día 28 la población decidirá entre «quién le generó sufrimiento» y «quiénes estuvieron a su lado» durante «la asfixia del bloqueo».

Ambos candidatos cuestionaron el acuerdo por ser un documento redactado de manera «unilateral», propuesto por Maduro, y por contemplar puntos ya pactados en Barbados, donde el Gobierno y la PUD se comprometieron, entre otros asuntos, a reconocer el resultado y promover un «discurso público y un clima político y social favorable al desarrollo de un proceso electoral pacífico».

Un escenario más «hostil» 

Para Quintero, la contienda -«desigual» en propaganda y uso de recursos- se desarrolla de una forma «muy hostil» y «confrontativa» y prevé que vaya en aumento.

El director de la ONG Acceso a la Justicia, Alí Daniels, coincide al prever que la hostilidad y el «hostigamiento» vayan «en aumento», luego de varios meses en los que «la persecución» fue «la regla, sobre todo, en el marco de las giras» de Machado y González Urrutia.

Maduro, quien ocupa a diario horas en medios de comunicación estatales, a diferencia del resto de candidatos, suele referirse a sus contrincantes como «patarucos» -gallos cobardes que no sirven para la pelea-, y recientemente llamó «hijos de su madre» a los dirigentes de la PUD, a quienes acusa de planes para sabotear el servicio eléctrico y derrumbar un puente. /EFE

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