HUELLAS DE VIDA/ Neri Sosa

CARMEN PÉREZ MONTERO /

Hablar sobre la vida de “Neri Sosa”, es hablar inicialmente de La Reja de Chirere, porque así llamaban al sector que se desarrolló a partir de la antigua calle 7, también se le llamaba “La Bajaíta”, me refiero a la antigua avenida 16 cruce con calle 7, lugar donde vivió Neri por muchos años junto a su familia, esa casita de cartón piedra se la compró  a Doña Ramona Villegas, y allí,  con la ayuda de Nora, quién hacía empanadas, tostadas,  conservas y hallacas para la venta;  lavaba y planchaba ropa ajena y además limpiada casas, lograron construir ese “Edificio Nora”, donde hoy está residenciada parte de su familia.
Antes hizo vida social en el Barrio Campo Lindo Luego, esos recuerdos se entrelazaron con el Barrio Andrés Bello”, cuyo cambio de nombre contribuyo a modernizarlo, pues se asfaltaron sus calles y sus piedras, armas para las peleas, quedaron sepultadas en el asfalto caliente, hablar de Neri Sosa también es hablar de sus tropelías de juventud, de la maravillosa esposa que el destino le regaló, de su bien constituida y orientada familia y de la Iglesia San Miguel Arcángel de Acarigua.  
El verdadero nombre de Neri era: Ernesto Sosa Villegas, nació en Agua Blanca el 26 de mayo de 1931, para ese tiempo Agua Blanca pertenecía al Distrito Araure, Estado Portuguesa. Junto a un grupo de amigos, entre ellos:  mi hermano José Sandoval Montero, Simón Valera, Bernardo Cedeño, Juan Pérez, etc. Ellos  se reunían los sábados y llegaban a las casas donde había celebraciones de bautizos, porque la gente humilde casi no celebraba matrimonios y mucho menos cumpleaños, esa moda se impuso por los años 60, como ya venían “entonados”, al llegar a la fiesta bailaban y compartían, pero; por cualquier impase se agarraban a puño limpio, entre ellos  y acababan con la fiesta, por eso la gente le temía a ese grupo cuando llegaba a cualquier lugar porque se peleaban y al día siguiente no recordaban, supuestamente, nada de los ocurrido.
Era jocoso ver las peleas, donde nadie resultaba herido. En ese tiempo casi todas las casitas tenían una sala grande, la cual compartían con tabiques, confeccionados con recortes de revistas y periódicos, las bailadoras se llevaban la prole, es decir los hijos pequeños y cuando éstos se dormían los acostaban en la cama que había detrás del tabique, a veces se juntaban hasta ocho y diez dormilones. Cuando los borrachos en su pelea tumbaban el tabique era jocoso ver salir aquel grupo de niños aún dormidos, sorprendidos y llorando.
El 13 de marzo de 1951, Neri contrajo matrimonio con una hermosa mujer, bella por fuera, pero; fiel, dulce y generosa por dentro, Nora Emilia Rodríguez Torrealba, mujer abnegada y gran trabajadora, Neri se tornó dócil, callado y muy respetuoso con ella y con todos los que le conocimos.
Juntos procrearon 9 hijos: Robin Ernesto, Moraima Yanira, Wilfredo José, Ruddy Mary, Neddy Xiomara, Simón Antonio, Norma Josefina, Dinnora Lidia y Robin Ernesto.
Durante los años que estuvo residenciado en el Barrio Campo Lindo, trabajo como chofer de “familias acomodadas” que así se les decía a las familias que tenían dinero, nombre y buena reputación, en aquella época, tales como: Casal, Bustillos, Gonzales Bracho, Monsalve, Cordero, Véliz, Martínez, Ramos, etc. También trabajó en Estaciones de Servicios como mecánico y en Pastas Santa Lucía como repartidor..
Una anécdota que sus hijas Dinnora y Ruddy aportaron y fue que el parto de su antepenúltima  hija, que él sabía que era hembra, pues ya se hacían los ecosonogramas, él se volvió como loco, acariciaba y besaba la barriga de Nora, le cantaba y cuando la niña Norma Josefina  nació, Neri sacó un porrón y lo rodó por las calles de Campo Lindo golpeándolo fuertemente con un tubo, los vecinos lo acompañaron para celebrar su alegría, porque la niña nació el 01 de enero a la una del mediodía y Neri tenía aún la “pea“ completica por la celebración de la llegada del año nuevo.
En sus últimos años, con su larga barba, pernoctaba en la Iglesia San Miguel Arcángel de Acarigua, donde semejaba un personaje bíblico que repartía caramelos a los niños que asistían a la Eucaristía. El refugio en la Iglesia lo buscó Neri posterior al asesinato de su hijo Robin Ernesto, ocurrido en Puente Araure, la aciaga noche del 03 de septiembre de 1996.
Neri dejó este plano terrenal el 28 de septiembre de 2020, cuando su hijo acababa de cumplir 24 años de su eterna partida.  
                                                              
           

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