NARCISO TORREALBA/
*“De todos los animales de la creación, el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir”. John Steinbeck…
Un viejo amigo, quien vive el deporte de la misma manera, como un aficionado a la pesca de anzuelo y carnada en las manos, me decía en medio de una sonrisa contagiosa: ¡Parece que me voy a morir, sin ver a Venezuela en un mundial! Un señor, el cual se encontraba muy cerca de la fugaz conversación, intervino muy rápido para emitir su opinión, por cierto, muy sesgada al culpar al gobierno por la no asistencia al mundial y dio la ligera impresión, que de futbol no sabe absolutamente nada, pero oye los comentarios que se cruzan con las noticias de los dos terroríficos terremotos totalmente encontrados por la maliciosa actitud de la oposición, que para no perder la costumbre patean todo buscando pescar en rio revuelto.
Ahora, para variar el “todopoderoso” de Trump, metió su tenebroso e incontrolable poder, como jefe del gobierno estadounidense, aposento del imperialismo por mandato de las grandes corporaciones y resaltado por el desbordado dominio mediático, capaz de darle la vuelta a todo en fracciones de segundos de acuerdo a sus intereses, como es el caso de querer cambiar una decisión arbitral de una tarjeta roja, pero para eso buscó la ayuda del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien hace poco dio muestras de arrastrarse más, que la propia pelota de juego, cuando le entregó a Trump, el Premio FIFA de La Paz , en reconocimiento a la supuesta lucha por la paz, como consuelo, cuando salió premiada la María Corina, y no Trump, como para no verlo bravo.
Pero las patadas no se detienen y no son precisamente en los terrenos de juego, donde es imposible, que no se presente la dureza, el forcejeo y hasta una pisada con mala intención o producto del calor del enfrentamiento y hasta ahí, se pueden aceptar de acuerdo al grado de intensidad del mismo, sin olvidar que existen los aficionados al deporte, que disfrutan el espectáculo de la manera más sana posible, pero también asisten los fanáticos exacerbados, capaces de quemar una instalación deportiva si su equipo pierde y si gana, en medio de la celebración son capaces de echar a bajo una ciudad, como sucedía con los muy nombrados Hooligans en Europa y se revivió lamentablemente en México a raíz de una victoria en este mundial del 2026
Para no quedarse atrás en eso de las “patadas” se presenta la senadora paraguaya, Celeste Amarilla, que, de futbol, debe saber tanto como Trump, porque salió repitiendo uno de sus cachazos, cuando ofendió a la pasada pareja presidencial de la Casa Blanca, Barack Obama y su esposa, al compararlos con unos chimpancés, desempolvando el racismo puro, perverso e injustificado, el cual se encuentra oculto por encimita y en el momento menos esperado lo sacan, como las banderas en los campos de juego. Dicha parlamentaria, creyéndose la voz de Paraguay en el momento más inoportuno soltó el siguiente comentario, como un Trump cualquiera, contra Kylian Mbappé, a raíz de la derrota de Paraguay: ¡Bruto, no aprendió ni a escribir, chupaba cocos en lugar de leche materna y lo más instruido que escucho eran chimpancés! ¡Le hubieras mostrado el dedo Orlando Gill, yo lo hago en el senado y no pasa nada!
La respuesta del goleador francés, Mpappé, no se hizo esperar y golpeó a la parlamentaria, como no hizo con el balón para el gol, cuando lo introdujo en la valla paraguaya para decretar la derrota y la eliminación en el mundial: ¡Señora Celeste Amarilla, usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo! ¡Usted no representa a Paraguay, ese país que ha derrochado pasión y honor a lo largo de toda la competencia! ¡Por su inconsciencia y su racismo desinhibido, el mundo entero ya olvidó el recorrido y el esfuerzo histórico que sus jugadores realizaron durante este Mundial para dejar lugar a una dama incompetente que ofrece la peor imagen posible de su país! Kylian Mbappé, no solo tiene la dureza y la sutileza para manejar el balón, ya que, con estas palabras tiene que haber dejado a la parlamentaria Celeste, con el apellido en blanco, después de esas declaraciones infames propias de una irracional al peor estilo de un Hooligans.
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