Hay momentos en nuestro paseo terrenal, en que algunos actos y situaciones se tornan muy visibles y todos podemos notarlos; por ejemplo, una mujer en su etapa de preñez o alguien alcohólico, una persona que engordó o alguien que obtuvo un título universitario, una persona que cometió una infidelidad o alguien que entregó su vida a Jesús; posiblemente, nos vamos a dar cuenta lentamente de todo lo positivo, pero de lo que colinda con lo incorrecto seguramente lo identificaremos más rápido y dará mucha lana que esquilar.
De igual manera, si nos invitan a conocer una casa bien bonita es muy probable que lleguemos a la sala, pero pretendamos ver también el baño; y si vemos todo impecable, posiblemente también queramos entrar al “cuartico de los peretos” que hay en casi todas las casas, para ver qué tan “regado” lo tienen.
Ahora bien, si soy yo quien estoy en lo incorrecto o tengo algo en desorden ¿lo veré de igual manera? ¿emitiré los mismos juicios que hice? ¿arreglaré el desorden del “cuartico”? Por todo ello, es significativo evaluar mi accionar diario, tanto de lo que hago en público y más aun de lo que hago cuando nadie me ve.
En nuestras Reflexiones en Familia de hoy, nos gozaremos con una eficaz porción de La Palabra inspirada por Dios, que en el capítulo 8 del Libro de Lucas, versículo 17 de la Traducción en Lenguaje Actual, nos dice: «Porque todo lo que esté escondido se descubrirá, y todo lo que se mantenga en secreto llegará a conocerse»
Amados, cuando hacemos algo bueno nuestro ego nos pide que lo revelemos; pero si es algo incorrecto, es allí en donde necesitamos que eso permanezca escondido e invisible ante los ojos humanos ¿Pero, y de Dios también permanece oculto? Algunos más osados, hasta nos atrevemos a decirle a Dios ¡Señor, guárdame el secreto! Otros, llegamos a sentir vergüenza ante Dios cuando sabemos que hemos hecho algo incorrecto, pero aun así queremos evadir las consecuencias.
La Biblia relata en Génesis, que tan pronto Eva pecó comenzó a esconderse de Dios e incluso, a sentir vergüenza; pero Dios, ya sabía lo que había hecho. Todo intento de ocultar algo o escondernos de Dios, es tan igual como el de un niño que se tapa los ojos y cree que está oculto de la vista de los demás; en su lugar, debemos ser transparentes ante el Señor, y no pretender manejar nuestros errores o pecados de manera independiente ante Él.
Dios, hoy nos llama a que vayamos a Jesús con todos nuestros aciertos y virtudes, pero también con todos los defectos o errores que pudiéramos tener; eso sí, con un corazón dispuesto a abrirle las puertas a la integridad, que no es más que caminar en rectitud incluso cuando nadie nos ve. Proverbios 10:9 dice: «El que camina en integridad anda confiado; más el que pervierte sus caminos será quebrantado»
Queridos hermanos y amigos, de antemano quiero decirles que no soy ni pretendo ser “la tapa del frasco” sino, que soy una persona imperfecta que pide a Dios ayuda todos los días para salir del lodazal del mundo, una persona con muchos defectos pero que busco caminar con Jesús, una persona que he sido quebrantado por mis errores pero que busco caminar con Jesús, una persona rebelde pero que he visto la mano de Dios obrar en mi vida; y es por ello, que hoy te invito a que busques a Jesús, que el te espera con Sus brazos abiertos para ayudarte a caminar y a vivir en Su verdad.
Amados, esta reflexión puede ser útil para alguien, ayúdame a multiplicarla ya que solo en Dios están las respuestas a todos los trances de la vida.
«Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre» Salmos 86:11 (R-V 1960)
Amén.
¡Bendiciones para todos!

