‎¡Por favor, déjenlo entrar!

‎En un templo cristiano muy moderno, iba a predicar en un servicio especial un reconocido Evangelista; el día del evento, llegó un atribulado señor con una vestimenta inadecuada para entrar, tal y como lo describió quien estaba recibiendo a los asistentes ese día. ¡No puedes entrar, ya que andas en chancletas y con ropa mugrienta! dijo quien hacia las veces de recibir a la multitud.

‎El angustiado señor trató dos y más veces entrar, pero por igual numero de veces se lo impidieron, conminándolo siempre a que se echara a un lado para no entorpecer la entrada de los demás asistentes; pero hubo un momento ya en medio de la predicación, en que volvió a insistir y ante la negativa del servidor de la puerta, hubo un forcejeo y dándose cuenta de lo que allí pasaba, el predicador indicó: ¡por favor, déjenlo entrar!

‎En nuestras Reflexiones en Familia de hoy, compartiremos una poderosa porción de la Palabra inspirada por Dios, que en Santiago capítulo 2, versículos de 1 al 4 de la versión Reina-Valera 1960, dice: «Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?»

‎Amado, lo primero que quiero decirte hoy, es que la necesidad de Cristo de toda persona no se mide por su vestimenta ni su apariencia exterior, tal como lo sucedido con este señor; pues resulta, que él venia saliendo de la cárcel en donde pago por un error cometido, pero antes que cualquier cosa decidió buscar a Jesús para nacer de nuevo. En este pasaje bíblico, se nos enseña a que no debemos hacer distinciones fundadas en el aspecto físico, la fortuna o cualquier otro juicio humano; amados, Dios nos llama a seguir su ejemplo, «Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» Gálatas 5:14 (R-V 1960)

‎Querido hermano, Dios no tiene favoritos y por ello, es importante entender que toda persona merece ser tratada con amor y respeto, puesto que vale la sangre derramada por Cristo. Debemos amar a la persona y no lo que tiene, sabemos que todos somos creados a imagen de Dios; debemos evitar cualquier forma de discriminación, incluyendo alguna basada en la apariencia o clase social.

‎Querido amigo, hoy te invito que vengas a Jesús sin importar quién seas; ya que en Él somos hechos de nuevo, puedes ser rico o pobre, negro o blanco, hombre o mujer, tosco o sofisticado. Hoy Jesús está diciendo ¡por favor, déjenlo entrar!

‎La Sagrada Escritura relata en el Libro de los Hechos, la historia de Cornelio el Centurión, que a pesar de ser romano era un hombre piadoso que temía a Dios y que una tarde mientras oraba, tuvo la visión de un ángel de Dios que le dijo que Dios había escuchado sus oraciones y que buscara a Pedro, que estaba en Jope. Cornelio envió inmediatamente a dos de sus criados y a un soldado devoto para que buscaran a Pedro y lo trajeran de vuelta.

‎Mientras esto ocurría, Dios preparaba el corazón de Pedro y cuando este entró en la casa de Cornelio, el centurión se postró ante sus pies en señal de reverencia, pero Pedro lo levantó recordándole de inmediato que era contra la ley judía que se asociara con gentiles; sin embargo, Pedro reaccionó y recordó que Dios le había mostrado en una visión que no debía llamar a nadie vulgar o impuro, ni hacer acepción de nadie. Finalmente, luego que ambos notaron que fue Dios quien había actuado para reunirlos, «Pedro tomó la palabra y dijo: —Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia» Hechos 10:34-35 (NVI)

‎Amados, solo después de que Cornelio y su familia recibieran el mensaje de Pedro sobre Jesús, fue que recibieron el Espíritu Santo y nacieron de nuevo; y hoy, multiplicando esta reflexión, tú puedes ser ese Pedro que muchos están esperando para que Jesús llegue a su vida.

‎«Mientras Pedro estaba todavía hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban el mensaje» Hechos 10:44 (NVI)

‎¡Bendiciones para todos!

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