‎Suelta la piedra


‎Hay un dicho popular que dice “tira la piedra y esconde la mano”, el cual se utiliza para indicar la perversidad o también la hipocresía de una persona en algún asunto o contra alguien; igualmente se emplea, para señalar el hecho de provocar un altercado o problema, y hacerlo de modo anónimo, escondido o luego negando haberlo hecho.

‎Unos dicen, que el origen de esta expresión popular se encuentra en una obra escrita por el filósofo Platón, la cual es titulada “El banquete” y que dice: “después de tirar la piedra, Aristófanes, crees que vas a poder esconder la mano”; también, en el “Vocabulario de refranes y frases proverbiales” de Gonzalo Correas, menciona “tirar la piedra con la mano ajena”.

‎Por otra parte, hay infinidad de personas que aseguran, que esta expresión se originó a raíz de un pasaje bíblico; y que hoy en nuestras Reflexiones en Familia, compartiremos esa porción poderosa de la Palabra inspirada por Dios, y que en el capítulo 8 de Juan, versículo 7 de la Nueva Versión Internacional, dice: «Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo: —Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra»

‎Hoy día, hay quienes lanzamos piedras solo porque vemos al vecino lanzar e igualmente, muchas veces sin importarnos en qué dirección lancemos esas piedras y menos, a quien le peguen; pero ¿qué tal si esas piedras rebotan hacia nosotros? Amados, no nos dejemos llevar por los fariseos y maestros de la ley de nuestros días y no actuemos como jueces, si vamos a dar un veredicto, que este sea desde el amor de Cristo, que no sea condenatorio sino más bien para perdonar, para construir, para restaurar.

‎Los que acusaban a la mujer adultera, buscaban torcer el amor de Jesús hacia sus semejantes y que Él, le diera aprobación a las piedras que querían lanzar con manos llenas de violencia; pero, existe una actitud en estos inculpadores ante la Palabra les dió Jesús, y fue que tuvieron la humildad de reconocer el error y dar el primer paso hacia la conversión, y es por eso hermano y amigo, que debemos soltar también esas piedras y retirarnos uno a uno, tal como ellos, pero dando pasos hacía un cambio en la actitud que desde el amor de Cristo, restaure y edifique.

‎¿Cuando lanzamos una piedra, somos capaces de sentir el dolor de quién golpeamos?

‎Queridos hermanos y amigos, tengamos mucho cuidado de no ser culpables por juzgar a alguien. Jesús aún nos habla hoy sobre eso, y la instrucción es la misma de siempre, y no es otra que amarnos los unos a los otros. Apedrear a alguien no tiene nada que ver con el amor, porque cuando alguien falla piensas que es malo y sientes que debe ser castigado, ¿pero cuando tú fallas, piensas que está bien? La respuesta es: «todo pecado es malo, sin importar quién lo cometa».

‎Jesús, hoy nos enseña a quienes tenemos piedras en las manos, que Su camino es la mejor opción y que el hecho de que nuestro pecado sea diferente al del vecino, no nos hace tener razón y al otro estar equivocado. No debemos apurarnos en castigar al prójimo por su falla, sin antes revisar nuestro expediente; detengámonos a reflexionar antes de torcer la ley. ¡La piedra puede rebotar y golpearnos!

‎Cuando pensemos en lanzar la primera piedra, mirémonos en el espejo de Cristo y multipliquemos el perdón y el amor de Él; y te invito a qué multipliques está reflexión, ya que alguien puede estar esperando que no lo condenen.

‎«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido»
‎Mateo 7:1-2 (R-V 1960)

‎¡Bendiciones para todos!

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